Juguetes que dan mucho miedo

Los tiempos han cambiado.

Y mucho.

De dos generaciones a la actual, se ha pasado de jugar a la peonza, las canicas o la rayuela, a casi llorar porque se ha caído Instagram y Whatsapp.

No son tiempos mejores, ni peores, son distintos.

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Y es que la irrupción de las nuevas tecnologías ha hecho que aparatos como las videoconsolas sustituyan a otros juguetes de antaño.

Y viendo el hilo que Hija de Helghan ha recopilado en Twitter, habría que dar gracias a todos los dioses del Olimpo.

El cringe de muchos juguetes de mediados de siglo XX es de tal calibre, que lleva a preguntarse cómo no hay más psicópatas salidos de esa época. Ojo, aunque viendo el nivel de algunos políticos, a lo mejor es osado aventurarse a decir que no los hay.

Sea como sea, parece tremendo que unos padres pudieran dejar a sus hijos con juguetes que lo mínimo que pueden hacer es crear traumas para toda la vida.

Vale que eran otros tiempos, los niños y niñas estaban hechos de otra pasta y a Pérez-Reverte no le gusta que una mujer lleve a un hombre en moto, pero cualquier padre se da cuenta de que estos juguetes dan miedo.

¿Cualquier padre?

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Fotos: Twitter

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Te haces un selfie precioso, aunque algo descentrado, en plena Gran Vía madrileña.

Desbloqueas, te metes en tu archivo y ves que un señor con gafas y una señora con un bolso rojo te han fastidiado el momentazo.

¿Cómo se atreven? ¿Cómo es posible que haya gente en una de las arterias principales de la ciudad con más habitantes de toda España?

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Juan Carraco ya está en Nueva York.

¿Y qué hace el protagonista de Vota Juan en La Gran Manzana?

Pues él mismo lo ha especificado en un tuit. "Defendiendo los intereses de España, La Rioja y el pimiento del piquillo". Básicamente, de vacaciones.

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El miércoles, 29 de septiembre, arrancaba con una noticia devastadora para el cine patrio: Antonio Gasset Dubois fallecía a los 75 años.

Con él se iban las críticas de cine más macarras, mordaces, divertidas y criminales que nadie, jamás, ha hecho en televisión.

De Pablo Iglesias al último cinéfilo anónimo, las reacciones no se han hecho esperar.

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