Así era la Semana Santa televisiva de la E.G.B.

Así era la Semana Santa televisiva de la E.G.B.

He aquí otra historia antediluviana, de cuando no había teléfonos móviles ni Netflix, se merendaba chocolate con pan e, incluso, membrillo. La gente criaba gusanos de seda en cajas de cartón y les daba de comer hojas de morera. Pero no vamos a caer en la nostalgia rojiparda porque, la verdad, aquellas Semanas Santas de la E.G.B. resultaban bastante tristonas televisivamente hablando. Para empezar, todavía hubo un tiempo en que la programación se restringía, y los jueves y viernes santos TVE eludía emitir demasiado cachondeo. O sea, que a lo mejor nos quedábamos sin los dibujos animados de Hanna-Barbera (oso Yogui, autos locos, etc) que servían de relleno entre programas y también sin Charlot, cuyos cortometrajes mudos tapaban los huecos que aquella rudimentaria programación dejaba en su parrilla.

Ahora bien, siempre estaban las películas de romanos, muy adecuadas para la sobremesa.

En este 2022 de guerra y desolación TVE ha recuperado Quo Vadis? con su doblaje original, deliciosamente vintage, y lo cierto es que resultó absolutamente disfrutable. Porque muchos de esos péplums aunaban devoción religiosa con erotismo, peleas violentísimas, ambiguedad moral en algunos de su personajes y, por supuesto, los mejores villanos, como el Nerón interpretado por Peter Ustinov.

Otro clásico de la Semana Santa pretérita era La túnica sagrada. Y más títulos diversos porque, por aproximación, valía también programar a Charlton Heston en cuádriga (Ben-Hur) o ya, cuando se pudo estrenar en España, Espartaco, cuyo mensaje comunista se confundía con el cristianismo de parroquia donde se cantaba a la guitarra “aquí se queda la clara/ la entrañable transparencia / de tu querida presencia, /comandante Ché Guevara”. La Juventud Obrera Cristiana y por ahí.

Luego estaban las películas sobre Jesucristo y de esas solían poner Rey de reyes, rodada en Chinchón, pero una vez emitieron en el UHF El evangelio según San Mateo (de Pier Paolo Pasolini) y nos quedamos con la boca abierta porque era un Cristo diferente y un modo de relatar el Nuevo Testamento absolutamente distinto.

Y poco más.

No sé si daban saetas en Cantares de Lauren Postigo.

Lo cierto es que, en esas fechas, niñas y niños veíamos menos que de costumbre la tele y salíamos a jugar a la calle, que es lo que hay que hacer, caramba.

Y ahora sí me he puesto un poco rojipardo.

Maldita nostalgia.

Me voy a ver el Via Crucis por el Coliseo, retransmitido por La2, que siempre me reconforta la voz susurrante de los comentaristas y esa luz de velas como de catacumbas lejanas. Oh, la saeta, el cantar… Ah, sí, cuando la E.G.B. mi padre ponía el disco de Serrat y oíamos la saeta de Machado. Y mi abuela hacía rosquillas.

DANIEL SERRANO