Aquellos maravillosos años. Los 80. O bien los has vivido o, si perteneces al millennialismo, puedes haberlos vivido (televisivamente hablando) a través de reposiciones y/o profusas explicaciones de tus predecesores generacionales, que a cada ocasión aprovechan para rememorar lo bien que se lo pasaron viendo a Diana comiéndose un ratón en V.
Los 80 fueron buenos tiempos para las series antes de que las series se convirtieran en algo serio, adulto y literario.
O sea, que casi todo era entretenimiento tirando a tontorrón (El equipo A, El coche fantástico), culebrones USA (Los Colby, Dinastia, Falcon Crest) y comedias familiares (Los problemas crecen, El show de BIll Cosby, Enredos de familia, Webster).
Luego estaban las excepciones, las series que comenzaban a adentrarse en territorios más complejos: Canción triste de Hill Street o el día a día en sucio de la policía neoyorquina y Treinta y tantos relatando el doloroso tránsito de la juventud a la edad (definitivamente) adulta.
De Treinta y tantos resulta imprescindible recordar su magnífica sintonía.
Series, series y más series.
Do you remember?
Estaban también las series como Fama, de tal impacto que todavía muchos recuerdan el nombre de sus personajes (Bruno Martelli, Leroy Johnson, Coco, Danny Amatullo, el profesor Shorofsky). Salía una jovencísima Janet Jackson.
Luego estaba ese extraño producto televisivo titulado El gran héroe americano, una mezcla de parodia, serie de aventuras y vaya usted a saber qué más.
Y también, claro, las series policiacas con tensión sexual no resuelta entre chico y chica como fue el caso de Luz de luna (otro gran temazo de cabecera) y Remington Steele.
Cuánta televisión. No había Juego de tronos pero, a cambio, todo era mucho más sencillo y esa ingenuidad forma parte del encanto de la gran mayoría de estas series.
Incluso de El pájaro espino, con Richard Chamberlain en el papel de sacerdote/galán, cosa que en España dio lugar a un leve escándalo y a que a todo cura guapo se le denominase como el título de la serie mencionada.
Cuando la tele era infantil y juvenil (y, en general, familiar)
La televisión de los 80 era generalista por definición y blanca y se dirigía a un público familiar, con especial atención a niños y jóvenes. De ahí series como McGyver, que desactivaba una bomba atómica con un mondadientes, o Cuentos del mono de oro, un Indiana Jones para la pequeña pantalla.
Recuérdese, por cierto, cuando McGyver visitó una Euskadi mexicana donde ETA era una especie de ejército de Pancho Villa.
Mención aparte merece Fraggel Rock, obra maestra de Jim Henson y energético tema musical que eleva siempre el ánimo.
La televisión es un universo que ha evolucionado enormemente. No son estas las series que hoy se producirían (aunque algunas han sido revisitadas: McGyver, V…) y, sin embargo, algunas de estas ficciones televisivas son verdaderas obras maestras: Retorno a Brideshead o Cheers, tan diferentes y tan deslumbrantes.
Y muchísimas más series que descubrirás si pinchas en la GALERÍA y, en caso de que todas te suenen, enhorabuena: realmente sabes mucho de televisión.
ADEMÁS: Las peores películas españolas de la historia (según IMDb)
Fotos: Cordon Press
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