Recordando ‘La clave’

Recordando ‘La clave’

Las tertulias de la Santa Transición eran señores fumando, moqueta marrón y una música como de película de miedo. Hablemos de La clave. Te ponían una película y luego se charlaba. Recuerdos de las niñas y niños de la E.G.B. Ha muerto José Luis Balbín, el hombre de la pipa que presentaba aquello. Dejaba hablar torrencialmente a sus invitados. A La clave acudía Santiago Carrillo o Lola Flores, según. También pasaban por allí personajes extranjeros a quien se doblaba por encima.

En La clave vi yo El planeta de los simios. Era un viernes por la noche y jamás se me ha borrado la impresión pavorosa de aquel final de película, con una ruina posapocalíptica que condenaba a Charlton Heston a un huida sin fin.

Fue un espacio fundamental en la televisión que abría caminos a la democracia. Se emitía en el UHF y comenzó su andadura en 1976 y finalizó en 1985.

Luego Balbín se fue a Antena 3 e intentó una segunda travesía de La clave en los 90 pero aquello no funcionó.

Ya no se hacen programas así.

Lo mismo salía Severo Ochoa que Blas Piñar o Bernard-Hénri Levy e, incluso, Olof Palme.

José Luis Balbín se sentaba a mirar como sus invitados hablaba, participaba poco, a veces parecía que se había ido a por tabaco para recargar la pipa. Pero ahí residía su principal talento. En dejar a la gente en paz, que todo el mundo disertase sin prisa pero sin pausa, tal y como cantó Melendi allá por 2006.

Balbín acabó mal con RTVE y con el PSOE entonces gobernante. El PSOE de aquellos maravillosos 80 controlaba con mano de hierro la televisión pública y lo mismo te censuraba a Javier Krahe cantando Cuervo ingenuo (sátira antiOTAN dedicada a Felipe González) que prohibía abordar en La clave de ciertos asuntos (de la OTAN no se pudo debatir). Lo de las presiones de la dirección y los intentos de censura lo contó Balbín. José María Calviño (el padre de Nadia Calviño, la vicepresidenta) argumentó, sin embargo, que el programa había descendido en audiencia y que por eso resultaba pertinente cancelarlo. Balbín se hartó y se fue dando un portazo que consistió en hacer La clave desde el hotel Palace, con Mohedano y creo que Gerardo Iglesias entre otros.

Entre las curiosidades que recoge la Wikipedia sobre La clave me quedo con dos: se regalaba a los invitados un reloj de pulsera y a Ian Gibson casi le parten la cara los guardaespaldas de Raimundo Fernández Cuesta, falangista de pro que había compartido debate con el historiador. Los guardaespaldas, lógicamente, eran partidarios de la joseantoniana dialéctica de los puños y las pistolas. De los puños se libró Ian Gibson por muy poco.

La sintonía era genial, obra de Carmelo Bernaola.

Qué solemnidad.

José Luis Balbín se ha ido para siempre. Quedará el recuerdo del espacio televisivo que hizo historia en España y donde él fumó en pipa larguísimas horas.

DANIEL SERRANO

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