¿A ti te gustaba 'A dos metros bajo tierra’'?

La serie con el final más perfecto de la historia cumple 20 años. Ya hace dos décadas que conocimos a Nathaniel Fisher, justo un segundo antes de que se empotrarse contra un autobús y muriese el mismo día que estrenaba su nuevo coche fúnebre. Porque la familia Fisher regentaba una funeraria, y quién mejor que ellos para preparar el último adiós del patriarca.

Así comienza A dos metros bajo tierra, una serie que forma parte del imaginario colectivo por su capacidad de hacernos pensar sobre el final pero sin imponer una idea prefijada. Porque si algo tenía esta serie eran dudas, premisas, opciones, pero nunca certezas.

En un mundo en el que todo es blanco o negro, esto se agradece. Quizá por eso, esta serie tuvo tanto éxito.

La ficción mostraba personajes imperfectos, quizá un poco demasiado excéntricos. Aunque quién no tendría una tarita si tuviera que lidiar con la muerte día sí y día también.

Nate, el hijo mayor, representa el consuelo, tiene un don especial para aliviar a las personas que han perdido a un ser querido, aunque sea un desastre en sus propias relaciones vitales. David, el hijo mediano, representa el pragmatismo, el orden dentro del desorden que reina en el fin de una vida, aunque en su propia existencia lo que reine sea el caos al no ser capaz de admitir su propia homosexualidad. Claire, la hija menor, es la luz, la que invita a sonreír en mitad de la tragedia, el personaje que representa la evolución más marcada, puesto que la conocemos en mitad de su adolescencia.

Los 63 capítulos de esta serie (salvo contadas excepciones) comienzan del mismo modo: una muerte. Accidentes, vejez, enfermedades... la vida. Pero no siempre esa muerte tenía un sentido trascendental para el desarrollo del capítulo, sino que les servía de acicate para plantearnos la duda existencial que querían mostrar.

El caso es que estas preguntas trascendentales que se suceden en cada uno de los episodios no son del agrado de todo el mundo. Todavía hoy, 20 años después, A dos metros bajo tierra cuenta con una legión de seguidores pero, del mimo modo, también cuenta con un nutrido grupo de personas que no la soporta.

¿A qué grupo perteneces tú?

ADEMÁS: Series en las que mataron a sus protagonistas sin necesidad

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Parece una pregunta sencilla pero, después de la política, el cine y las series son los temas que más discusiones provocan entre familias, vecinos y amigos. 

No, no es un dato estadístico, ni tampoco comprobado pero sí es creíble si lo dices con la suficiente convicción. 

Ha sido Netflix, desde sus redes sociales, la que se ha atrevido a hacer la gran pregunta: 

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De la colaboración entre Dan Harmond, creador de Rick y Morty, y el viñetista Nathan Pyle surge una nueva serie de animación para Apple TV: Strange Planet. Otra vuelta de tuerca a un género que hace mucho desdeñó sus límites y, desde luego, ya no se circunscribe al público infantil y o juvenil. Incluso las series infantiles y juveniles de animación tienen un subtexto lisérgico que las hacen asumibles para cualquier adulto motivado.

Pero ¿qué es Strange Planet?

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Iba a rodarse en California de los incentivos fiscales ofrecidos por Nuevo México sedujeron a los productores. Y así, de manera azarosa, se introdujo en Breaking Bad un elemento indespensable de la narración: la luz de Alburquerque, los horizontes desérticos de sus inmediaciones, el paisaje calcinante y la ciudad defendiéndose de los coyotes desde sus urbanizaciones con cesped. 

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