Casi 40 o cuando David Trueba se convirtió en Jonás

Tenemos en Casi 40 una suerte de versión David Trueba de Los exiliados románticos, fabulosa cinta que firmara Jonás Trueba allá por 2015. O sea, carretera, música, conversaciones, chico y chica y zozobras existenciales varias. Pero David Trueba tiene su propia manera de hacer las cosas (no nos confundamos) y esta preciosa miniatura contiene su mirada y es una road movie que nos devuelve a los personajes de La buena vida camino de una imposible madurez.

Ahí están, reencontrándose, Fernando Ramallo y Lucía Jiménez, más de veinte años después de ese rodaje donde coincidieron, y ambos se hallan bien, muy bien, aunque con las dudas que a cualquiera le asaltan en el transcurso del tiempo.

Casi 40 es una película muy bonita, tiene canciones estupendas, resulta evocadora y emocionante, ¿qué más se puede pedir?

El enamorado adolescente, camino de los 40, convoca a su enamorada a una serie de actuaciones por librerías de la España profunda y allí ella volverá a sentirse como cuando fue una estrella del pop pero no tanto porque nada es para siempre (sí, lo cantaba Cómplices pero qué importa) y la vida continuará.

La felicidad de la carretera

Relata Casi 40 un breve paréntesis en dos vidas que se separaron hace mucho, confluyen de nuevo y vuelven a emprender rutas distintas. Tiene algo (también) esta peli de esa trilogía sobre el amor y la edad por la que veneramos a a Richard Linklater (Antes del amanecer, Antes del atardecer, Antes del anochecer).

Dentro de veinte años esperamos la siguiente entrega, querido David.

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En fin, que Casi 40 resulta un delicioso refresco de verano y le damos la razón a David Trueba cuando puso en el guión lo de "España es bonita". Qué poco han sido aprovechados los fabulosos paisajes españoles en el cine español. David Trueba los aprovecha igual que los aprovechó en su última novela, Tierra de campos, donde (por cierto) también había una ex estrella del rock.

Y lo de David transformado en Jonás es sólo una forma de titular y, claro, hay un aire de familia pero son dos directores muy diferentes, que nadie se enfade.

Lo importante es ir a ver Casi 40 y disfrutar de la ternura esperanzadora que David Trueba impone en su relato. 

David Trueba es un optimista irredento. Y eso es muy difícil cuando casi todo artista tiende al desastre, al pesimismo y a lo apocalíptico. Casi 40 es melancólica pero contiene un fondo de felicidad que nos gana y, así, salimos contentos del cine y pedimos una horchata en el bar de enfrente.

DANIEL SERRANO

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