Cine de verano / Las vacaciones sentimentales de 'Pauline en la playa'

Explicaba Éric Rohmer que los personajes de sus películas casi siempre están de vacaciones porque es en esos periodos no laborales cuando realmente suceden las cosas imporantes. O sea, el verano. Por supuesto. Luego están los días en la oficina o teletrabajando pero ahí ni puedes ver el rayo verde (como en otra película de Rohmer) ni navegar tocando el acordeón. 

El caso es que Pauline en la playa es una pieza rohmeriana con playas de Normandía y adolescentes que se enamoran y adultos que se entrometen en dichos amores adolescentes, y días que se alargan, cenas al aire libre y quizás (ejem) algunos aspectos argumentales que tienden a un heteropatriarcalismo caducadísimo.

También dio Pauline en la playa nombre una estupenda banda femenina de pop.

Rohmer y sus estíos.

Esta película retrata un verano de 1983, muy lejos del 68 en el que Éric Rohmer nadó en la nouvelle vague que revolucionara el cine mundial. Siguió haciendo películas, una tras otra, hasta que un día de 2010 se murió.

Pauline en la playa, El rayo verde, Cuento de verano componen la trilogía estival de un director que supo pintar un mundo hermoso, donde la miseria brilla por su ausencia y podemos ocuparnos de lo importante, que es amar al prójimo.

Pero siempre complicándonos la vida. Amar sin complicarse resulta una vulgaridad. O tal vez tendríamos que dejarnos de complejidades y eliminar toxicidad de nuestras relaciones sentimentales.

En fin.

Ya me lo pregunté una vez pero lo reitero: ¿alguien sigue viendo las películas de Rohmer?

Espero que sí porque hay un poesía que huele a mar y crema bronceadora en Pauline en la playa, ese refugio perfecto que son los destinos vacacionales que no pretenden vender exclusividad sino la simple sensación de que nos han dejado libres durante un tiempo y podemos bailar y bañarnos y levantarnos tarde. Dan ganas de irse a Normandía, caramba. Aunque luego el agua está muy fría y desistimos.

Pauline en la playa son unas vacaciones sentimentales donde no hace demasiado calor y se duerme fresquito. De hecho, por las noches, en Pauline en la playa, conviene ponerse un jersey para ir a dar un paseo.

Hay un aire de vodevil intelectualizado y un ligón pureta medio calvo que da bastante grima. Y un aire de comedia pero no de esas de reirte. Una ternura muy propia de Rohmer, que solía tratar bien a sus personajes, sin juzgar demasiado.

Qué bonitas noches estivales.

DANIEL SERRANO

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