Crack: la plaga contada por sus protagonistas

Lo mejor de Netflix son, a día de hoy, sus documentales. Tanto true crime en el catálogo empacha pero, entre la hojarasca, aparece Supongamos que Nueva York es una ciudad, maravilla dirigida por Martin Scorsese, o este Crack: Cocaína, corrupción y constpiración que contiene en toda su crudeza la verdad sobre una plaga que se extendió sobre la podredumbre de la revolución conservadora iniciada por Reagan.

Un magnífico largometraje documental en el que hablan los camellos, consumidores que sobrevivieron, policías, analistas, muchísima voz afroamericana porque el crack diezmó a esa comunidad durante los años 90.

Resulta impresionante ver las imágenes de los barrios pobres de Estados Unidos en aquella época del crack, convertidos en zonas de guerra absolutamente abandonadas a su suerte, con escombros, basuras, fuego en las calles, un escenario apocalíptico asumido con total normalidad.

Explica este documental como Reagan recortó brutalmente las ayudas sociales, miles de millones dejaron de sostener a los pobres de Estados Unidos y la pobreza explotó en las calles, y llegó el crack, cocaína para la población sin recursos. 

Y cómo, en palabras de uno de los protagonistas de esta cinta, arraigó en chavales de instituto del gueto una mentalidad de "capitalistas callejeros", con la obsesión de enriquecerse vendiendo una droga que destrozaba su propio entorno. Business is business.

Pero tras el dinero llegaron las armas y se desató una guerra ante la cual las instituciones permanecieron impasibles porque las víctimas eran lo que el sistema consideraba escoria.

Crack: Cocaína, corrupción y conspiración tiene reveladores testimonios, un montaje trepidante, un fondo musical absolutamente certero y ese acento de denuncia que lo coloca por encima de la explotación morbosa de lo que fue un desastre social.

Buenos tiempos para el género documental. Aquí y allá. Porque luego está El año del descubrimiento de Luis López Carrasco, cinta que estamos deseando que llegue al streaming ya que su distribución en salas ha sido limitadísima. La España del 92, de fastos y desindustrialización y unos obreros que quemaron el parlamento murciano. Más o menos en las mismas fechas en las que el crack arrasaba las calles de los barrios pobres estadounidenses. El capitalismo. Ya se sabe.

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