Denver pide un Goya para Mario Casas

Jaime Lorente no se ha podido callar ante lo que él considera una injusticia cinematográfica de tremendas dimensiones. 

El actor que da vida a Denver en 'La Casa de Papel' ha lanzado una proclama tuitera en la que pide, por el amor de Dior, una nominación al Goya para Mario Casas. Y lo hace porque el protagonista de 'Adiós' se lo merece, no por acumulación. 

Cuesta creer que Mario Casas, siendo uno de los rostros más representativos del cine patrio, no haya hecho méritos para acumular siquiera una nominación a Mejor Actor. Ya no decimos llevarse un cabezón a casa. 

"Algún día se hará justicia, poética y de muchas formas, al trabajo de Mario Casas. En fin"

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Una forma de aumentar las posibilidades de que esto ocurra es que amplíen de cuatro a cinco los nominados. Y es que, si en la actualidad hay solo cuatro nominados y uno de ellos parece estar siempre seguro para Antonio de la Torre (cuatro nominaciones seguidas acumula), las opciones se reducen. 

Ojo, nadie duda que el andaluz es de los mejores actores del cine español. Como también lo son Javier Gutiérrez, Luis Tosar, o Javier Bardem, pero la sensación que dejan las nominaciones, año tras año, es que hay un puñado de nombres que van alternando posiciones y no dejan entrar nombres nuevos, salvo honrosas excepciones. 

El caso de Mario Casas comienza a ser asunto mayor. Sus interpretaciones en películas como 'Adiós', 'El Bar' o 'Las Brujas de Zugarramurdi' han sido alabadas y aplaudidas por público y crítica pero no han alcanzado el estándar de calidad mínimo para llevarse una nominación de la Academia de Cine. 

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Y sí, como afirman en Twitter, tiene el favor del público y el reconocimiento de la taquilla pero, al final, a todo el mundo gusta que le premien por su trabajo y, en el caso de Mario Casas, ni está, ni se le espera en los Goya. Ahora, seguro que el día de la gala, las cámaras no pierden detalle de todo lo que haga. Y eso que no estará nominado. 

Fotos: Netflix y Gtres

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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