El lamento del tertuliano

Qué difícl es ganarse el pan de tertulia en tertulia. Y lo decimos sin asomo de ironía. Ser tertuliano progresista y no morir en el intento resulta un heróico empeño cuando tienes enfrente a la vociferación armada de fake news, frases hechas y sarcasmos de barra de bar y carajillo.

Así que pasa lo que pasa.

Hay domingos que uno piensa lo que se le viene encima en cuanto empiece el lunes y se le cae el alma a los pies.

Le ha sucedido a Antonio Maestre, que ha expresado su hartazgo en un tuit revelador.

Efectivamente. A ver qué toca esta semana de tertulianía aunque podríamos apostar a que se hablará de los que han robado Nike en los disturbios de Barcelona, la presunta presencia de MENAS en las manifestaciones y otras finas hierbas sacadas de la brocha gorda con que cierto periodismo se maneja.

También, claro, puede debatirse sobre la pancarta que se vio en Barcelona y que a Antonio Maestre le parece, con razón, un elemento clave para entender las protestas de estos días.

Malos tiempos para la lírica.

Pero es lo que hay.

Ser tertuliano es jodido pero (como dicen los viejos periodistas) peor sería trabajar.

Así que a ello, a batirse el cobre en los platós y luego en Twiter y... buff... cansa sólo de enunciarlo. 

Era más fácil cuando La noria y el bipartidismo María Antonia Iglesias / Alfonso Rojo.

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Madrid es libre. 

Por fin. 

Cualquiera diría que el PP no lleva gobernando 26 años en la Comunidad de Madrid, viendo la campaña que han hecho. 

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Lo saben bien quienes acuden al plató de Sálvame con asiduidad: la televisión es una trituradora de carne en la cual eres un personaje querido durante una o dos temporadas pero después, para amenizar la sobremesa, se te convierte en villano y te insultan por la calle. En el caso de Pablo Iglesias este mecanismo televisivo se llevó al extremo y el chaval con coleta tan simpático a cuyo domicilio vallecano acudió Ana Rosa Quintana se transformó últimamente en un ser demoniaco al cual Vicente Vallés exorcizaba casi todos los días.

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La vida sigue y, una vez superado el batacazo del progresismo en las elecciones madrileñas, Ismael Serrano ha salido en Zapeando y ha demostrado que el humor no tiene por qué decaer ni tan siquiera en momentos políticamente tan catastróficos para alguien de izquierdas como él. Oye, así es la existencia, una montaña rusa en la que hoy Salvador Illa ganas las elecciones en Cataluña (y no sirve para nada) y mañana las gana Ayuso en Madrid (y vaya si sirve). 

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