'El Nudo': el thriller español que triunfa en HBO

Un accidente. Dos implicados. Una desaparición (en principio). Dos parejas. Una infidelidad. El juego que plantea 'El nudo', la serie creada en 2019 para Atresplayer Premium y estrenada el pasado enero tanto en Antena 3 como en HBO, ha conseguido enganchar a los espectadores colocandola entre las ficciones más vistas de la plataforma de streaming.

La serie está dividida en tres tiempos. Por un lado, el accidente del que, en un principio, no sabemos nada, ni cómo ocurrió, ni por qué, ni si el conductor iba solo o no. Por otro lado, el tiempo anterior, todo lo que precedió a ese accidente y que hizo que la relación entre los cuatro protagonistas (Natalia Verbeke, Cristina Plazas, Oriol Tarrasón y Miquel Fernández) se afianzara hasta el punto de desdibujarse los límites. Y, para rematar, una serie de entrevistas con los personajes secundarios de la ficción que sirven como hilo conductor de la serie y que tienen un aroma innegable a series de éxito como 'Big Little Lies' o la española 'Élite'.

En principio, el ritmo de la ficción, lejos de ser vertiginoso, como ocurre en las series mencionadas anteriormente, puede llegar a ser bastante tedioso en ocasiones. Y es que las promesas del tráiler se quedan diluidas, como sin fuerza, en los 13 capítulos de alrededor de 50 minutos que tarda en resolverse la trama.

Dos parejas, en principio muy bien avenidas, formadas por Daniel y Rebeca (Plazas y Tarrasón) y Sergio y Cristina (Fernández y Verbeke) entablan una gran amistad cuando las mujeres se reencuentran después de muchos años. Daniel es el hijo de la dueña de la Universidad Europea 'Rafael Becker', donde trabaja su mujer Rebeca y donde comienza a trabajar también Cristina, ya en el primer episodio. No parece que tengan mucho que ver los unos con los otros, pero poco a poco, las relaciones se estrechan mientras las barreras sociales se van difuminando.

Ya en el primer capítulo se presentan otros personajes: Javier Becker, el hermanastro de Daniel; Andrés, hijo del tío de Daniel, que aspira al puesto de rector; Mía, la hija de Rebeca y Daniel, que debía estar ingresada en una clínica en el momento del accidente, pero que se ha escapado con la ayuda de Nico, hijo de Sergio y Cristina; el inspector Godoy, quien se encarga de la investigación del supuesto accidente; Miriam, madre de Daniel y dueña de la Universidad. Todos parecen ocultar algo en esta serie mientras intentan resolver el misterio: ¿por qué iban juntos en un coche Daniel y Cristina y dónde está ella?

Los primeros capítulos enganchan al espectador por la cantidad de tramas que se van abriendo ante nuestros ojos y que dan la sensación de una serie vertiginosa que no acaba de concretarse. Los misterios que se intuyen en la parte de las entrevistas no terminan de materializarse en el desarrollo de la ficción y eso acaba por hacernos perder el interés, pero te quedas, como ocurre con esa novela de misterio que no acaba de convencerte pero de la que quieres saber el final.

En resumidas cuentas, el planteamiento supera la ejecución de este thriller español que, a pesar de todo, se ha convertido en una de los grandes éxitos de Antena 3 y, en este momento, de HBO. Apto para los amantes del misterio que estén buscando una ficción ligera y entretenida, con unas grandes interpretaciones del elenco principal.

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Puede que usted, señorita o caballero o lo que quiera ser vuesa merced, ni tan siquiera hubiese nacido en 2001, que no nos trajo la odisea del espacio que soñaran Kubrick y Arthur C. Clarke sino una comedia de Lina Morgan para solaz del público español disfrutante de las contorsiones de aquella cómica querida. A quien Haro Tecglen definió como "un cruce de Charlot y el pato Donald". 

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En el primer capítulo salía Luis del Olmo como elemento prestigiador y homenaje a esta profesión, así que nos podíamos imaginar el nivel (Maribel) pero, la verdad, no era difícil engancharse a Periodistas.Se estrenó un 13 de enero de 1998 y resume el espíritu de ese momento de cambio de siglo, cuando todo era escapismo aunque un ruído de fondo comenzaba a hacerse fuerte, de la Contracumbre de Seattle en 1999 a la muerte de Carlo Giuliani en 2001.

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