La nueva Cruella

El 28 de mayo es la fecha elegida por Disney para presentarnos a su Cruella, tanto en cines como en su plataforma de streaming Disney+. Pero quien espere ver una nueva versión de 101 dálmatas o de la villana interpretada por Glenn Close en 1996 y en 2000, ya pueden ir quitándoselo de la cabeza.

El filme cuenta quién era Cruella antes de convertirse en la villana que todos odiamos en 101 dálmatas. Al principio, Cruella era Estella (Emma Stone), una aspirante a diseñadora que encuentra en La baronesa (Emma Thomson) una mentora y, posteriormente, una enemiga a batir. Gracias a la majestuosa actuación de Emma Stone, los espectadores podrán empatizar con la evolución de Estella, que se convertirá en quien es por azares del destino.

“No creo que pudiese interpretar a un personaje si pensara que simplemente es malo. ¿Crees que alguien malo camina por el mundo pensando que son malos? No lo creo. Creo que ellos piensan que tienen razón”, ha declarado con mucho acierto la actriz.

Estella es una estafadora que sueña con ser diseñadora y que intenta hacerse un nombre en el mundo de la moda. Todo enmarcado en el Londres de los años 70, donde el punk gobernaba las calles. Mientras intenta conseguir su sueño, se hace amiga de dos ladrones, Jasper y Horace, que aprecian su apetito por el riesgo y las estafas. Su vida cambia cuando la Baronesa Von Hellman, la directora de una prestigiosa firma de moda, se fija en ella y decide convertirla en una incipiente diseñadora. Pero la relación entre ambas y una serie de revelaciones llevarán a Estella a convertirse en la famosa Cruella de Vil para acabar con su mentora.

La historia 101 dálmatas, creada por la actriz frustrada Dodie Smith, no nos ofrecía demasiados detalles de la vida anterior de Cruella de Vil, aunque retrata su caracter extravagante a la perfección. Eso le ha permitido al director de Cruella, Craig Gillespie, trabajar sobre un lienzo en blanco y crear un personaje a la medida de Stone. Con un ojo puesto en el personaje de Glenn Close, para que la progresión quedase natural, han generado una nueva Cruella, sin influencias de las anteriores versiones.

Joel Fry y Paul Walter Hauser, los actores que dan vida a Jasper y Horace, también tuvieron que buscarse inspiración fuera de la cinta de dibujos animados. "Es curioso porque volvimos a ver la película animada y no tenía mucho donde rascar. No sacamos nada. Tomé la voz de Bob Hoskins de la película Hook. Esa fue mi inspiración para Horace, personalmente", asegura Hauser.

Otro punto importante de Cruella es su vestuario; no en vano, la villana de Disney es diseñadora y mataría (literal) por un abrigo de piel de dálmata. La diseñadora de vestuario, Jenny Beavan, ganadora de dos Oscar, ha bebido de la influencia punk que marcó el Londres de los 70 en el que se ambienta la historia. Creó para el filme 277 trajes, 47 de ellos únicamente para Cruella y 33 para la baronesa. Y cada uno de ellos cuenta una historia. 

Sin duda, una vuelta de tuerca a la inocente historia de los dálmatas que todos tenemos en la cabeza. Por fin conoceremos de dónde saca esa amargura Cruella de Vil.

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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