La canción de los macarrones que Tony Genil preparó a Michael Jackson

Cuenta la leyenda que, siendo apenas un niño, Michael Jackson vino a hacer promoción a España y a la hora de la comida los de la discográfica no sabían qué hacer con él. Pasó por allí Tony Genil y se lo llevó a casa, le preparó unos macarrones y Michael Jackson quedó encantado de la vida. 

La historia es tan estupenda que da igual sí es cierta o no.

Que, ojo, podría ser verdadera. La gente de las discográficas tiene cientos de relatos que humanizan a las grandes estrellas, que también comen macarrones o tienen flatulencias.

El caso es que la mencionada anécdota, mezclada con una imagen de Michael Jackson y Paul McCartney limpiando los platos, ha inspirado a Ladilla Rusa.

Vease la susodicha estampa de estrellas del pop en labores de limpieza doméstica.

Surgió la chispa y el homenaje de Ladilla Rusa se convirtió en su último hit, cuyo título es Macarrones pop y que tiene su videoclip y su flamenquito en el tono y la forma.

Lo han vuelto a hacer.

Ya triunfaron con aquel Macaulay Culkin que les puso en el mapa y después homenajeando Michael Knight con aquella fantasía sobre un coche fantástico fabricado en Calzadilla de los Barros, provincia de Badajoz.

¿Cómo no vamos a querer aquí, en ZelebTV, a Ladilla Rusa?

Por cierto, que Tony Genil (a día de hoy) sigue jurando y perjurando que Michael Jackson estuvo en su casa y que repitió de macarrones, que le siguen saliendo buenísimos.

El maravilloso mundo de la farándula, donde todo es posible. ¿O no sabían ustedes, por ejemplo, que Mickey Rourke estuvo en un programa que presentaba Manolo Escobar? ¿O que Britney Spears salió en Médico de familia?

Cómo lo oyen.

Y escuchen y disfruten con Ladilla Rusa.

ADEMÁS: Yo no soy racista pero (o la canción del verano más inesperada)

Foto: Gtres

 

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Madrid es libre. 

Por fin. 

Cualquiera diría que el PP no lleva gobernando 26 años en la Comunidad de Madrid, viendo la campaña que han hecho. 

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Lo saben bien quienes acuden al plató de Sálvame con asiduidad: la televisión es una trituradora de carne en la cual eres un personaje querido durante una o dos temporadas pero después, para amenizar la sobremesa, se te convierte en villano y te insultan por la calle. En el caso de Pablo Iglesias este mecanismo televisivo se llevó al extremo y el chaval con coleta tan simpático a cuyo domicilio vallecano acudió Ana Rosa Quintana se transformó últimamente en un ser demoniaco al cual Vicente Vallés exorcizaba casi todos los días.

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La vida sigue y, una vez superado el batacazo del progresismo en las elecciones madrileñas, Ismael Serrano ha salido en Zapeando y ha demostrado que el humor no tiene por qué decaer ni tan siquiera en momentos políticamente tan catastróficos para alguien de izquierdas como él. Oye, así es la existencia, una montaña rusa en la que hoy Salvador Illa ganas las elecciones en Cataluña (y no sirve para nada) y mañana las gana Ayuso en Madrid (y vaya si sirve). 

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