(Tal vez) la peor gala de los Goya

Tampoco va a pasar nada porque alguien trate de aguar (a destiempo) la fiesta del cine español teniendo en cuenta que actrices, actores, productoras y productores, maquilladoras y maquilladores y etcétera están o de celebración o mitigando la resaca con ibuprobeno. Bueno, los Goya han dicho que la mejor película del cine español es La librería y tal cosa resulta absolutamente delirante. La librería es una película de sobremesa de Antena 3 y es injusto que Verónica no haya sido premiada múltiplemente ni que Álex de la Iglesia haya sido excluido de saque cuando ha dirigido la mejor comedia del año cuyo título es Perfectos desconocidos y hay que ir a verla.

Si Dani  Rovira fue criticado y no entiendo todavía por qué, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla debieran ser juzgados ante un tribunal de guerra. Ambos son cómicos de primera categoría pero (oh) no hicieron un buen trabajo en esta gala y la revolución de las mujeres, eso sí, lució en forma de vistosos abanicos rojos.

Al menos, ganó La llamada por la extraordinaria canción de Leiva y Handia se llevó un buen puñado de premios y Verano 1993 (una grandísima película) fue galardonada aunque no todo lo que hubiera sido necesario.

Consolémosnos con que Adelfa Calvo se llevó un merecidísmo Goya a la mejor actriz de reparto y eso que El autor no es tan buena como dice la crítica, no se fíen.

Los Goya del 155

Lejos quedan aquellas galas heroicas del No a la guerra porque (como dijo Orson Welles acerca de Hollywood cuando la caza de brujas del senador McCarthy) el cine español ha renunciado a sus ideales para conservar la piscina, aunque sea comunitaria y en una urbanización de San Chinarro o Monte Carmelo.

Así que no hubo lazos amarillos ni pomporrutas imperiales acerca de la sagrada unidad de España. Ni lo uno ni lo otro. Ni para tí ni para mí. Nadie se acordó de los presos catalanes, que si vieron la gala quedarían meditabundos al verse ninguneados en la gran fiesta del cine español.

Casi nada de política, feminismo a ultranza (felicitémonos) y una gala arrítimica y gélida. Aunque tal vez sí hubo algo de política y por eso decidieron los académicos premiar a Isabel Coixet no tanto por su película (una virtuosa pompa de jabón sin nada dentro) como por su unionismo amable. No malpensemos ya que también se llevó lo suyo Verano 1993 y esa sí que es una gran cinta y en catalán.

Por cierto, tampoco entiendo porque no estaba nominada Colosal de Nacho Vigalondo o Mimosas de Oliver Laxe, tal vez las dos creaciones más interesantes que ha dado el cine ¿español? reciente.

Y no piense nadie que tengo manía a Isabel Coixet, autora de películas tan bonitas (y no hay ironía alguna en esta última expresión) como La vida secreta de las palabras o Mi vida sin mí.

Simplemente me ha espantado La librería, disculpen la brutal discrepancia.

Ah, y sí, el título resulta excesivo, vale, seguramente ha habido ediciones peores pero, sinceramente, si no hubiera sido por las proclamas feministas, que algo aminoraron la sensación de chasco, estos Goya 2018 hubieran sido para desertar del cine y de las galas.

DANIEL SERRANO

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