'Malcolm & Marie': retrato de pareja en noche de estreno

He leído sobre Malcolm & Marie (largometraje estrenado en Netflix este fin de semana) que es una mala película con una gran interpretación, la de Zendaya. Discrepo de ambas afirmaciones. La película no es tan mala  ni la interpretación de Zendaya tan buena. Y John David Washington, el 50% del elenco, hace un formidable trabajo. Excesivo como requiere el excesivo guión. 

Asi que, finalmente, ¿qué tenemos?

Malcolm & Marie es un elegante melodrama de pareja, un poco entre Ingmar Bergman y ¿Quién teme a Virginia Woolf? pero con menos silencios nórdicos y muchísimo menos alcohol del que consumían (frente a la cámara y detrás) Elizabeth Taylor y Richard Burton en la adaptación de la obra teatral de Edward Albee.

Es noche de estreno y una pareja regresa a su bonita casa de Malibú. Él es director de cine; ella es una actriz que arrastra un pasado de adicciones. La conversación entre ella y él construye un largo recorrido a través del amor, las inseguridades y miserias de quienes crean ficciones, el irresoluble dilema racial estadounidense...

Se pregunta el personaje que interpreta John David Washington por qué una crítica de cine le compara con Spike Lee y no con William Wyler.

El marco mental que impone la raza como elemento omnipresente.

Aunque, en realidad, Malcolm & Marie incide más en lo sentimental y no deja de ser un entretenimiento que, con todas sus pretensiones e interesantísimas alusiones intelectuales y cinematográficas, sirve para pasar el rato y poco más.

Su director, Sam Levinson, firma un buen trabajo. ¿Obra maestra? Sería mucho decir.

¿Y Zendaya? Todo el mundo habla de Zendaya y ya le adjudican un Oscar (el Globo de Oro se le escapa porque ni tan siquiera ha sido nominada).

Zendaya interpreta estupendamente a su personaje pero cuando la cámara se acerca, en ciertos momentos, da la impresión de titubear en algún gesto. Aunque su carisma y magia como actriz resultan indudables. Pero también podemos esperar a que nos ofrezca su interpretación maestra. Zendaya tiene 24 años. No nos apresuremos.

Pero, bueno, en lo de Zendaya seguramente me equivoque y al final le den la estatuilla. Tengan en cuenta que están leyendo a un tipo al que Mank le dejó frío. Y esa sí que va arrasar en los Globos de Oro y en los Oscar. Hollywood adora autohomenajearse y recordar mejores tiempos.

En fin.

Que Malcolm & Marie es una película más que recomendable aunque sin exagerar.

Y que corrobora lo aquí escrito sobre Netflix como motor creativo de Hollywood. ¿O creen que los mismos directivos que exprimen Star Wars y planean que Chris Evans vuelva a salir disfrazado de Capitán América hubieran apostado por una cinta en blanco y negro que es, al fin y al cabo, una simple conversación entre un hombre y una mujer, ambos afroamericanos? No way. Pues eso. Suave es la noche en Malibú. 

DANIEL SERRANO

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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