Mucho miedo con 'Misa de medianoche'

Mike Flanagan se ha convertido en el autor de terror imprescindible de Netflix. Tanto es así que la plataforma ha blindado su trabajo y han firmado un contrato de exclusividad para generar contenido de terror.

Y no es para menos, después del éxito apabullante de La maldición de Hill House y el más contenido, pero éxito al fin y al cabo de La maldición de Bly Manor.

Flanagan ha vuelto para hacernos las noches más terroríficas con su Misa de Medianoche, en las que mezcla el fervor religioso y el terror poniendo en duda las repercusiones de la fe, los peajes que hay que pagar en el amor y cómo los hombres no han dudado en usar a Dios para cualquiera de sus fines perversos.

Según la sinopsis oficial de Netflix, la miniserie de siete capítulos se sitúa "en una pequeña comunidad isleña aislada donde las desavenencias existentes se intensifican con el regreso de un joven caído en desgracia (Zach Gilford) y la llegada de un carismático sacerdote (Hamish Linklater). La aparición del padre Paul en la isla coincide con unos acontecimientos inexplicables y aparentemente milagrosos, que avivan la devoción religiosa de los lugareños. Pero ¿acaso hay que pagar un precio por esos milagros?"

 

No es una serie precisamente rápida. Flanagan se toma su tiempo para presentar a los personajes y durante los tres primeros episodios parece que no pase nada. Así conocemos a Erin (Kate Siegel), la profesora de la isla, que suele aparecer junto a Riley, enfadado por haber regresado; Hassan, el sheriff (Rahul Kohli), que con el trabajo habitual de un policía de pueblo; la beata Bev (Samantha Sloyan), a la que nadie puede soportar... Y entre todos ellos, los anodinos sermones del padre Paul, que no parecen decir nada relevante... ¿o sí?

Pero si durante los tres primeros episodios hemos ido conociendo a los personajes y el entorno poquito a poquito, a partir del capítulo cuatro todo se desata hasta que llega un final completamente sublime.

 

Hemos mencionado La maldición de Hill House y La maldición de Bly Manor como las grandes series de Flanagan para Netflix, pero su relación viene de lejos. Después de alguna intentona poco gratificante, Flánagan rodó  Absentia, que financió mediante Kickstarter. Una película que hubiera pasado desapercibida si no hubiera sido por Netflix, que compró sus derechos y la convirtió en una película de culto.

 

Las siguientes participaciones de director con la plataforma ya son más conocidas, como Oculus, Ouija: el origen del mal o El juego de Gerald. Y así fue como llegamos a las dos series mencionadas antes y al contrato de exclusividad con la plataforma que ha dado como resultado Misa de Medianoche.

Habrá que prepararse para hacer un maratón y tirarse varios días sin dormir (de miedo).

ADEMÁS: Terror para el público infantil: 'Cuentos al caer la noche'

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La pregunta ha sido lanzada por Quique Peinado en un tuit con su correspondiente errata (¡ningún tuit perfecto!). Pero se entiende lo que quería transmitir. Y claro que lo ha entendido el personal. El propio Quique Peinado mencionaba Dawson crece como ejemplo de serie con protagonista involuntariamente idiota. O sea, en el guión tenía que ser el bueno, el admirado, el papel positivo, el personaje principal al que venerar.

Y no.

Caía mal.

A Quique Peinado al menos. Y hay más ejemplos

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Estamos ya a mediados de septiembre y, como una lluvia fina, la gente habla de El reino, serie argentina de Netflix cuya altura artística, elenco y capacidad de penetrar en la nueva realidad política latinoamericana ofrece un sabrosísimo menú para degustadores de ficciones potentes. Y luego que, sin más, se trata de un thriller trepidante capaz de seducir a todo tipo de públicos. 

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Johnny Rotten es ahora John Lydon pero para este asunto que nos ocupa resulta más pertinente su nombre de guerra en Sex Pistols, donde compartió días de ira y rosas con el carismático Sid Vicious.

A Rotten, antiguo vocalista de la banda, no parece haberle sentado muy bien que hayan decidido llevar a la pequeña pantalla sus años locos en la industria de la música y ha hecho todo lo que estaba en su mano para pararlo.

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