Bradley Cooper, hecho un cuadro y sin Irina Shayk

Han sido días de tensión, de dimes, diretes y comentarios pero, por fin, se confirmó la noticia: Bradley Cooper e Irina Shayk están juntos. Besos, risas y arrumacos son algunos de los gestos de la pareja que la pareja se dedicó por las calles de Nueva York. Es lo que tienen las primeras semanas, que todo es de color de rosa. Que no de color de rusa. 

Así las cosas, una vez presentado su nuevo amor al mundo, Bradley Cooper acudía al famoso restaurante Sardi, uno de los más populares de Nueva York, donde posó con su caricatura. Casi todos los famosos que se animan a conocer el sitio, después son recordados con un retrato. Pues bien, ahora Bradley Cooper también forma parte de ese club tan selecto. ¿Estará Irina Shayk retratada en alguna de esas paredes?

Un tipo feliz

El actor llegaba de lo más sonriente al local, algo de lo más normal si tenemos en cuenta que ha enamorado a la modelo rusa. Con americana y perfectamente peinado, Bradley posó con su dibujo y con el equipo del restaurante. Eso sí, ni una palabra de Irina.  

A pesar de que la noticia de un posible romance entre el actor y la top model llevaba días circulando por Internet, lo cierto es que la pareja se ha cuidado para reservar su intimidad, aunque finalmente las cámaras de ¡HOLA! les pillaban in fraganti a la salida de un espectáculo de Brodway. 

Y es que parece que la pareja está disfrutando plenamente del inicio de su relación. Varios testigos han asegurado al New York Post que Irina y Bradley se reunieron en la post fiesta de la Gala MET, organizada por la estrella de la noche, Rihanna, en la discoteca Up & Down. 

En dicha fiesta también se encontraban otros populares actores como Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence o la modelo Naomi Campbell. Aunque al comienzo de la fiesta Bradley e Irina se mantuvieron en un grupo con sus amigos, más tarde la pareja se trasladó hasta la zona del karaoke, más apartada y sin tanta gente, en busca de intimidad. La pareja abandonó el local en torno a las 3:00 horas. A la misma fiesta también acudió Justin Bieber, quien pasó la noche con sus amigas Kendall Jenner y Gigi Hadid

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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