De comer piedras a beber su orina: los casos más raros de 'Mi extraña adicción'

Quien más quien menos siempre convive con alguna pequeña rareza propia que ya ha convertido en parte de su personalidad. Pero las rarezas pasan a otro tipo de estado, mucho más preocupantes cuando adquieren el grado de obsesión.

Tal es el nivel, en ocasiones, que a determinadas personas les acaba incapacitando para la rutina de su vida diaria y acaban siendo obsesiones, que para ser superadas, es necesaria ayuda médica, voluntad de hacerlo y mucha paciencia y tiempo.

Muchas de estas historias, en ocasiones grotescas e impactantes, son sobre las que versa  Mi extraña adicción y  acaban controlando la vida de personas que luchan por superarlo. En forma de documentales llega a los espectadores, que pueden comprobar en cada entrega cómo una persona vive con rarezas tales como creerse un bebe, masticar cristales o acumular gatos en casa hasta que no quede un hueco libre.

En una ocasión se pudo ver a una chica, llamada Teresa, que lleva comiendo piedras durante 20 años. Le encanta el olor que desprende, la textura, su sabor. Por lo que se come casi un kilo al día, unos 365 kilos al año. Su estado de salud se ve afectado por ello y es el momento en el que ella intenta superar esa obsesión extraña.

A la hora de comer o beber hay gente muy rara

Las rarezas a la hora de comer son habituales y hay otras como la que tuvo Josh, un chico que prefiere comer bombillas, cristales y balas antes que una hamburguesa. En el momento de la emisión del programa ya ha llegado a comerse más de 300 bombillas y unas cuantas botellas de vino.

La misma senda sigue Bianca que siempre incluye en su menú la cerámica. Ya sea en forma de macetas o platos de barro. Come cuatro o cinco veces al día cerámica, lo que ya le daña su salud.

Pero no sólo a la hora de comer están las rarezas, sino que hay otros como Nathaniel que llegó a gustarle tanto su coche que acabó enamorado de él. De hecho, llevaba cinco años manteniendo sexo con el vehículo, al que no dudaba en dar cariñitos. Su padre lucha por entenderlo y ayudarle en todo el capítulo.

Y luego existen casos como el de Riley, una chica de 25 años de Búfalo (Nueva York) cuya adicción es vivir como un bebé. Duerme con pijamas propios de esa edad, lleva pañales, chupetes y duerme en una cuna grande. Lo cual le lleva a tener una vida poco convencional. Si alguien tiene una cita con ella, igual es mejor que le invite a un biberón que a una copa.

Algunas obsesiones son muy peligrosas

Luego hay otras ocasiones, que una chica como Tamela tenía una obsesión consistente en provocarse lesiones contantes, Cortes en los brazos con las cuchillas de afeitar, golpes con cualquier objeto que coja. En el fondo, lo que le ocurre es que se odia y se culpa a sí misma.

Luego hay otras adicciones, que son menos violentas, pero que marginan a quien lo hace como Lasy, una chica de 22 años, que huele constantemente la cabeza de una muñeca suya. Acude a todos los lados con la cabeza de la muñeca, incluso cuando tiene sexo con su novio. Así son ese tipo de adicciones.

En cuanto a muñecas, también hay casos como el de un joven de 37 años, que trata a su muñeca de plástico como una persona real.

Otro apartado de adicciones es a la hora de ingerir líquidos, como el Carrie que es adicta a beber su orina, lo cual le está llevando a poder tener infecciones renales muy serias, pero a ella le encanta el sabor.

Como también le gusta el sabor de su esmalte Bertha, una joven de Alabama a la que le encanta coger su botecito de esmalte como si fuera un petaca y darle un trago.

A quien le vendría bien todo ese esmalte de uñas es a Jazz que lleva 22 años sin utilizar un cortaúñas y dejándose crecer las unas hasta límites enfermizos.

Fotos: Atresmedia, Redes Sociales

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Este lunes, 21 de junio, transcurría con la normalidad monótona de estas semanas que ya atisban vacaciones veraniegas. 

Y de repente, llegaron las 16:00 horas. Y en Onda Cero comenzó, como cada tardeJulia en la Onda. Pero, en esta ocasión al otro lado del micro sí estaba quien da nombre al programa. 

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Esas peleas en las que dos personas se encaran y, como dos miuras, amagan y amagan con embestir pero, finalmente, no llegan a tocarse. Eso sí, cuando se van, comienza el duelo dialéctico: "Ya te pillaré..." o "Esto no va a quedar así". 

Es más, cuando todo ha pasado, cada implicado comenta la jugada con amigos y les dice algo del tipo: "Es que si no me freno, no sé qué habría pasado" o "la próxima, no lo cuenta". 

Pues eso es, exactamente, lo que ha pasado en el debut de Ignacio Aguado como tertuliano en Todo es Mentira. 

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Se ha convertido en la controversia del fin de semana lo de Pérez Reverte despotricando contra la literatura infantil y recomendando a niñas y niños la lectura de La Iliada, La Odisea o, yo qué sé, Guera y paz. Malditos niñatos de hoy en día, que no saben leer ni beben coñá a escondidas. También despreció el creador del capitán Alatriste a Fray Perico y su borrico (y eso si que ha dolido).

El caso es que el cantautor Ismael Serrano decidió seguir el consejo de Reverte y le leyó a su hija fragmentos escogidos de La Iliada.

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