Las mejores citas (románticas y no tanto) de la historia del cine

El cine siempre intenta reflejar, aunque lo haga a su estilo, las relaciones personales que se dan en el día a día Y cómo no, las citas entre un chico y una chica siempre tienen un lugar importante. Las hay muy románticas, tanto que casi llevan al espectador a querer fomar parte de ellas, pero también hay otras que pasan al recuerdo no por el romanticismo si no por lo especial de las citas.

Y como claro ejemplo de esta última clase está la que tuvieron Billy Cristal  y Meg Ryan en Cuando Harry encontró a Sally.  Es inolvidable esa cita, ese restaurante y el momento en el que ella decide enseñarle que una mujer siempre puede fingir un orgasmo, en el momento que quiera. Y así lo hace, dando una lección a todos de cómo simularlos.

Luego las hay diferentes, tanto, que marcan un estilo;  como fue la que tuvieron Richard Gere y Julia Roberts en Pretty Woman. Desde ese momento, ya nada será igual para un hombre cuando vaya a comprar ropa con una chica.

Hay citas muy románticas y otras que van más a lo fácil

Pero no sólo en el cine americano hay citas gloriosas. O es que alguien puede olvidar la que tienen Alberto San Juan y Pilar Castro en Días de fútbol. Él que lleva años sin tener una cita con una mujer (le acaba de dejar su novia de siempre) intenta quedar como un galán siguiendo los consejos de su amigo, el que más liga.

Pero su intento de impresionarla, con sus aficiones a la música, pintura y cine, lo único que hacen es aburrirla. Así, que al final es ella quien le hace beber a él y quien toma las riendas de la situación siendo lo más directa posible. No es que triunfara el amor, pero fue un buen día para ellos dos.

Mucho más romántica, es la que viven Noa y el amor de su vida. Sí, la peli que ha marcado a una generación de chicas tuvo la cita romántica por excelencia. Primero en el parque de atracciones. Y  después, otro día, cómo no, les coge la tormenta de camino a casa y tienen que quedarse en una casa a pasar la noche.

A algunas les faltaba sólo la luz de unas velas 

Y como las citas no entienden de sexo, memorables son también las citas que tenían Heath Ledger y  Jake Gyllenhaal en Brokeback Mountain. Sus quedadas para ir a pescar durante años eran una oda al romanticismo. Aunque no se atreverían a dar un paso más allá.

En el lado opuesto al romanticismo se encuentra la cita que tienen Helena Bonham Carter y Brad Pitt en El club de la lucha. Ella está al borde del suicidio y decide entregarse a los brazos de un desconocido. Y ahí está, además, Edward Norton escuchándoles. Bueno, o tal vez no.

Donde sí que fluye el romanticismo a borbotones es  la cita por excelencia. Lo tiene casi todo: chico pobre y chica rica, a escondidas y de forma furtiva. Así es como se citan Leonardo Di Caprio y Kate Wislent en la cubierta del Titanic. O mejor dicho, Jack y Rose porque ellos dos siempre representarán el amor inicial, que tantas veces se ha visto recogido en el cine.

Fotos: Redes sociales

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Mucho ha cambiado TVE desde 1978 hasta ahora. Una época en la que el Renault 5 y el Citroen CX eran los coches de moda y en la tele eran tendencia el bigote y la barba. 

Un 6 de diciembre de aquel año se votaba la Constitución y toda España estaba pendiente de qué saldría (si SÍ o si NO).

Los currelas todavía eran mayoritariamente hombres en las fábricas (y en casi todos los lados) y desayunaban un bocata de anchoas con queso regado con Soberano y los domingos se ponían Varón Dandy para oler bien.

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Con la verdad por delante se llega a todos los sitios. 

Eso es lo que debió pensar Wyoming cuando un espectador optó por corregirle un pequeño error que cometió, a propósito de la mención de un conocido videojuego: Street Fighter II

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Mariano Rajoy ya sonaba a antiguo cuando era presidente del Gobierno. Ahora suena antediluviano. 

A pesar de todo, el ya retirado político ha tenido un baño de masas populares en la presentación de su segundo libroPolítica para adultos. 

Sin entrar en el contenido del libro, los invitados y las cobras que se han hecho, si algo ha recordado el sarao de Rajoy es lo tremendamente memeable (si se nos permite la palabra) que es el ex presidente de Gobierno. 

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