Mi nombre es Robert Downey Jr. ¡y sobre mi pasado no habla nadie!

Estamos hablando del mismísimo Iron Man, del hombre que se metió en la piel del inspector Sherlock Holmes y que, incluso, cambió el color de su piel en la película Tropic Thunder. Un actor llamado Robert Downey Jr. de los que, si algo le huele a chamusquina durante una entrevista, se levanta y se va. Pero sin decir eso de hasta nunqui (como decía una rubia concursante de la última edición de Gran Hermano Vip). Simplemente, poniendo su mejor sonrisa (o la que le sale en ese momento) y protagonizando la espantá del día.

Todo ha ocurrido durante una reciente entrevista para Channel 4 en Londres. Todo, mientras el entrevistador intentaba preguntarle al actor por su oscuro pasado. Por esos años en los que Robert no era el chico guapo y bueno de Hollywood que hoy en día es (mucho le ha costado, pero parece que está en el buen camino) y hacía el papel de hombre malo y con malas compañías en la vida real.

Sin embargo, parece que las preguntas del reportero Krishnan Guru-Murphy no gustaron del todo al protagonista de Iron Man que, no dando crédito de lo que le preguntaba el periodista, miro a su agente, recogió sus cosas y (en torno al minuto seis del vídeo, para ser más exactos) se marchaba del set de entrevistas dejando a su interlocutor con cara de pasta de boniato.

La paciencia, según Robert

¿Estamos promoviendo la película? (En referencia a la cinta que protagoniza junto a Chris Hemsworth, el marido de Elsa Pataky, y que se acaba de estrenar, Los VengadoresLo siento, en realidad no... ¿qué estamos haciendo? Fueron las palabras que salieron de la boca de Robert que, con la misma, se fue sin (casi) decir adiós.

Pero, ¿qué fue lo que realmente le preguntó el entrevistador para que Robert saliera así de la entrevista? Pues, según el propio preguntador, esto es lo que pasó (así lo explicaba él mismo a través de Twitter):

El mensaje de Krishnan Guru

Oh, querido. Abrupto fin el que ha puesto Robert Downey Jr. a la entrevista cuando empezábamos a hablar sobre la cárcel y las drogas...

¡Cómo se las gasta Robert!

Fotos y Vídeo: Youtube y Twitter

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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