Regreso a Ítaca: cuando Ulises volvió a La Habana

No estaba Penélope esperando al Ulises que vuelve tras 16 años a su Habana natal pero sí los viejos camaradas de juventud con ron y cigarrillos en la azotea. Eso es Regreso a Ítaca, un reencuentro a lo Lawrence Kasdan pero sin cadáver de por medio. 

Viejos amigos, trago, humo y el Malecón allá abajo. Todos los pesares reunidos en una tarde, una noche y un amanecer. La Cuba crepuscular del fin de los días.

Una estupenda película del francés Laurent Cantet, que ganase la Palma de Oro en el Festival de Cannes con La clase y ahora dibuja un paisaje en ruinas en una Habana crepuscular.

Rostros y conversaciones y escasas postales habaneras. Tres actores y una actriz en una pieza de cámara en la que los intérpretes dan el do de pecho. Al modo cubano, con su punto de exceso. Pero la cubanidad es exceso y ese sabor nos resulta muy agradable.

Porque Regreso a Ítaca emociona, sea con ese arranque en el que suena Eva María de los Fórmula V (¡!!!!) o cuando canta Serrat sobre los tejados de La Habana.

En Regreso a Ítaca hay un hombre que vuelve y unos amigos a los que el tiempo ha devastado. La Cuba revolucionaria trituró sus vidas, o eso piensan. Aunque tal vez sea simplemente el paso del tiempo, implacable. Los sueños son triturados en Cuba y fuera de Cuba.

Pero estamos en La Habana y por eso hay risas y llantos desaforados, griterío, partido de béisbol televisado, el Malecón ahí abajo, un puerco al que sacrifican en otra azotea.

Y todas las derrotas que acumula este grupo, incluso el presunto triunfador que interpreta Jorge Perugorría.

Magnífico largometraje. Oh, melancolía, cantó Silvio Rodríguez. Deliciosa melancolía del tiempo que nos robaron. Pero también sonrisas. La vida misma.

La vida en Cuba. Desde una azotea.

Y Jorge Perugorría de nuevo mirando al horizonte desde lo alto de La Habana, como en Fresa y chocolate tantos años después.

Vayan a ver esta película. Ron y tabaco y el calor de las noches isleñas.

Fotos y vídeo: Golem

Ver resumen Ocultar resumen

Escribo este artículo para nadie porque ¿quién demonios se acuerda de Éric Rohmer? Murió en 2010 y su cine (tan francés) es una celebración de la sentimentalidad y las horas dulcemente perdidas en interminables paseos sin propósito. Las películas de Rohmer siempre (o casi siempre) se desarrollan durante las vacaciones. Él decía que ahí, en ese tiempo libre ajeno a la tiranía laboral, es donde se halla la verdadera vida.

Ver resumen Ocultar resumen

Cuando hablamos de Mario Casas (A Coruña, 1986) ¿a quién nos referimos exactamente? ¿A un ídolo de adolescentes a punto de que caduque su esplendor juvenil? ¿O a un intérprete de los pies a la cabeza aclamado por crítica y público? Ambas cosas quizás, como bien saben sus seguidores y seguidoras desde los tiempos en que interpretara a un jovencísimo Ulises en la serie  El Barco o a Aitor en Los Hombres de Paco

Ver resumen Ocultar resumen

Quien pasee estos días por el centro de Madrid hallará la efigie del insigne Eddie Murphy en el mismísimo Teatro Real. Lo que más se ve son los colores del reino de Zamunda refulgiendo en la gris fachada de la ópera madrileña pero, al fijarse, la (o el) viandante reconocerá sin duda alguna esa sonrisa tan de Eddie, el hombre que hizo reir al mundo con las flatulencias de El profesor chiflado.

Páginas