Netflix reabre una histórica sala de cine de Nueva York

La industria del cine no se fia de Netflix pero la principal cadena de streaming continúa lanzando mensajes de amor al cine, sea mediante obras maestras como El irlándes o Historia de un matrimonio o con anuncios de compra de salas de cine. O mejor dicho, de una sala de cine en concreto. 

Netflix anuncia que compra un icono de Nueva York.

Netflix reabrirá el cine París, situado a apenas unos metros de Centra Park, en pleno Manhattan.

Así se anunciaba.

Se trata, tal y como especifica Netflix, del último cine de estas características en Nueva York, el único que no es una multisala sino un viejo teatro donde se proyectaron durante años películas. Netflix ya lo había recuperado para un estreno especial de Historia de un matrimonio, película que la crítica ha aclamado por las interpretaciones de Scarlett Johansson y Adam Driver bajo la dirección de Noah Baumbach. Ahora anuncia que se queda con esta sala.

Lo cual ayudará a Netlfix a estrenar sus producciones.

Los exhibidores mantienen una batalla sin cuartel contra Netflix porque no respeta los plazos tradicionales entre el estreno de largometrajes en salas y el estreno en otras pantallas.

Aquí en España apenas un puñado de salas ha accedido a estrenar El irlándes, extensísima película de Martin Scorsese con Robert de Niro y Al Pacino.

El caso es que, por mucho que Netflix moleste a la industria del cine, en su seno se están haciendo algunas de las mejores películas de los últimos tiempos. Véase Roma de Alfonso Cuarón.

Aunque también ha producido algunas de las peores cintas de la comedia reciente. Véase las de Adam Sandler.

De todo hay en la viña del Señor. O sea, en Netflix.

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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