Plácido o la película española que hay que ver cada Navidad

Si los estadounidenses tienen ¡Qué bello es vivir!, en España está Plácido para ver en Navidad. Una obra maestra sin paliativos. Película navideña ferozmente contraria a todo espíritu de paz, amor y concordia. Porque Plácido es un daguerrotipo berlanguiano (pero también goyesco y muy Gutiérrez Solana) que provoca la risa para acabar congelándola en un rictus de dolor.

Bueno, como en ¡Qué bello es vivir! Más o menos.

La diferencia es que Frank Capra era un roosveltiano Homero de las virtudes estadounidenses amenazadas por los excesos capitalistas y Berlanga trituraba la realidad del franquismo con sus implacables apuntes del natural con humor negrísimo y un dominio de lo coral absolutamente prodigioso.

Y, además, en Plácido están los mejores cómicos del cine español. De Cassen a José Luis López Vázquez pasando por Manuel Aleixandre, Agustín González, Amelia de la Torre, Xan Das Bolas, Elvira Quintillá, Mari Carmen Yepes, Luis Ciges, Antonio Ferrandis, José Orjas, Fernando Delgado, José María Caffarel...

Lo mejor de la escena española de la época. Se estrenó en 1961, en lo más crudo del franquismo, y se inspira en la campaña caritativa Siente un pobre a su mesa y dibuja la miseria (moral y física) de una España de provincias que, por aquel entonces, era toda España.

Fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa pero aquel año ganó Ingmar Bergman con Como en un espejo.

Durante mucho tiempo se ha colocado en el número uno de la lista de las mejores películas españolas el Bienvenido, Mr. Marshall (también de Berlanga) pero de unos años a esta parte suele ganar Plácido. O El verdugo, que esa es otra.

Plácido es la historia de una Nochebuena amarga y, sin embargo, está repleta de momentos que provocan la carcajada. Mención especial merece el villancico que cierra la película y cuya tristísima letra resulta el broche perfecto para tan berlanguiana cinta.

También están quienes prefieren La gran familia como películas española para revisar en Navidades. Es otro nivel. Un entretenimiento de inspiración estrictamente franquista en lo ideológico aunque (sí) con indudables méritos. Sobre todo en el orden de lo interpretativo.

Animamos a ver Plácido igual que los estadounidenses ven ¡Qué bello es vivir! Y, qué caramba, también animamos a ver ¡Qué bello es vivir! La Navidad resulta buen momento para una tarde de sofá y película.

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