Juguetes que dan mucho miedo

Los tiempos han cambiado.

Y mucho.

De dos generaciones a la actual, se ha pasado de jugar a la peonza, las canicas o la rayuela, a casi llorar porque se ha caído Instagram y Whatsapp.

No son tiempos mejores, ni peores, son distintos.

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Y es que la irrupción de las nuevas tecnologías ha hecho que aparatos como las videoconsolas sustituyan a otros juguetes de antaño.

Y viendo el hilo que Hija de Helghan ha recopilado en Twitter, habría que dar gracias a todos los dioses del Olimpo.

El cringe de muchos juguetes de mediados de siglo XX es de tal calibre, que lleva a preguntarse cómo no hay más psicópatas salidos de esa época. Ojo, aunque viendo el nivel de algunos políticos, a lo mejor es osado aventurarse a decir que no los hay.

Sea como sea, parece tremendo que unos padres pudieran dejar a sus hijos con juguetes que lo mínimo que pueden hacer es crear traumas para toda la vida.

Vale que eran otros tiempos, los niños y niñas estaban hechos de otra pasta y a Pérez-Reverte no le gusta que una mujer lleve a un hombre en moto, pero cualquier padre se da cuenta de que estos juguetes dan miedo.

¿Cualquier padre?

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Fotos: Twitter

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Con Halloween a la vuelta de la esquina, los títulos de terror crecen como setas en las plataformas de streaming. El último es The Manor, una película protagonizada por Barbara Hershey que promete hacer las delicias de los aficionados a pasar miedo.

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Saltan por los aires todos los complejos y ya se versiona casi todo desde el territorio del indie, la música urbana y el nuevo punk. Todo vale. Si Tangana se ha permitido samplear 'Campanera' de Joselito, ¿por qué no darle a Manolo Escobar su oportunidad de sonar en Radio 3? Y ahí están Arde Bogotá, joven banda que se ha atrevido con Mi carro, clásico absoluto de la canción popular española.

¿Versionar Mi carro?

Hay que tener valor.

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La factura de la luz sigue su escalada demencial hasta cotas inimaginables y, obviamente, esa subida afecta más a unos hogares que a otros.

Para comprobar esta diferencia, Thais Villas ha vuelto a ir a un barrio rico y a otro obrero de Madrid, para preguntar por el asunto.

De media, la luz ha subido 130 euros en el recibo de cada hogar. La pregunta ha sido sencilla, ¿qué harían con esos 130 euros?

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