Una escena de 'El laberinto del fauno' que siempre conviene revisar

Para días tontos en los que sentimos la tentación de obedecer al sistema todo el rato y se nos entumece el músculo de la rebelión resulta de lo más estimulante ver una escena de El laberinto del fauno, ese cuento negrísimo que dirigió Guillermo del Toro en 2006.

Nos la ha devuelto a la memoria Yolanda Fuentes, que se define en su perfil de Twitter con palabras como Medicina Preventiva, feminista y chicharrera (entre otras).

Y Quique Peinado ha difundido el tuit.

Y qué bien están Sergi López y Álex Angulo, caramba.

 

La épica de lo digno, esa heroicidad que en tiempos viles ejercen personajes que no parecen heroicos y sí lo son.

Y cuánto echamos de menos a Álex Angulo, fallecido el verano de 2014 en un maldito accidente de tráfico.

Quedémonos con la frase certera que él pronuncia: "Obedecer por obedecer sólo lo hace gente como usted".  El fascista cuyo único lenguaje es la violencia derrotado por un señor bajito y con gafas. Emociona, la verdad.

Y nada.

Es martes y esta escena es bonito que verla una y otra vez.

Y revisar El laberinto del fauno entera. Y La forma del agua, que también contiene un hermoso mensaje de Guillermo del Toro acerca de la necesidad de aceptar lo diferente aunque, en algunos momentos, confundamos esa diferencia con lo monstruoso.

La próxima película de Guillermo del Toro, en proceso de elaboración, es El callejón de las almas perdidas, y cuenta con la participacion de Bradley Cooper y Cate Blanchett.

Naturalmente hay magia y misterio.

Su estreno está previsto para diciembre de 2021.

A ver si para entonces hemos salido de la pandemia.

Y, mientras tanto, a resistir, a ser desobedientes pero en el buen sentido de la palabra, no de modo estúpido quitándonos la mascarilla y yéndonos de fiesta a un piso con veinte personas. No. Se trata de otra cosa. Vean (o vuelvan a ver) El laberinto del fauno y compréndanlo.

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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