Viajar en series / 'Breaking Bad' o la luz de Alburquerque

Iba a rodarse en California de los incentivos fiscales ofrecidos por Nuevo México sedujeron a los productores. Y así, de manera azarosa, se introdujo en Breaking Bad un elemento indespensable de la narración: la luz de Alburquerque, los horizontes desérticos de sus inmediaciones, el paisaje calcinante y la ciudad defendiéndose de los coyotes desde sus urbanizaciones con cesped. 

Una vez Breaking Bad se convirtió en clásico surgieron viajes a sus escenarios así que, para quien lo desee, existe el tour correspondiente que te conduce a la casa de Walter White, a la caravana donde todo empezó e, incluso, a Los Pollos Hermanos (que, en realidad, se llama Twisters).

Pero ¿hay algo más que hacer en Alburquerque y Nuevo México que seguir el rastro de Breaking Bad?

Pues sí. Resulta que miramos en Google y en Alburquerque existe, al parecer, un interesante Museo del Globo y un tranvía que nos lleva a la cima de la Sierra de Sandía, desde donde hay vistas estupendas.

En Nuevo México también está Santa Fe, que nos suena de antiquísimas películas del Oeste y, cómo no, un montón de impresionanes paisajes rocosos, con esos ocres que adornan algunos planos de la serie.

Los paisajes son importantes en una serie. Y la luz. Salvo que sea una serie de interiores. Pero ese no es el caso de Breaking Bad. Tiene su importancia que se desarrolle en Alburquerque. Un lugar en medio de ninguna parte donde un mediocre profesor de instituto realiza un tránsito hacia un feroz autodescubrimiento.

Nos gustan las ficciones que se desarrollan en un lugar reconocible. Que poseen contornos físicos y no esa sensación irreal de transcurrir en un no-lugar.

Breaking Bad es la luz desolada del desierto y esa vida de pequeña urbe enclavada en un territorio de frontera. Entre lo rutinario y la imprevisible irrupción de lo salvaje. Violencia y televisores encendidos en la apacible noche de Nuevo México.

Y partir hacia ese cielo azul que devora a Walter White.

DANIEL SERRANO

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