Willy Toledo, virgen y mártir de la izquierda titiritera

Si Willy Toledo no existiera, habría que inventarlo.

Cuando le veíamos en Siete vidas pensábamos que, sí, era rojo pero rojo como (por aquellos días) todos los actores y todas las actrices normales. O sea, de irse al Sáhara y manifestarse los domingos contra la guerra y en los Goya, pedir el voto para Cayo Lara y, con el paso del los años, pasarse al confortable PSOE. Pero no. Willy Toledo decidió ser rojo al estilo adolescente para toda la vida y las locuras que pintábamos en las paredes de Lavapiés en los días de facultad él las sigue poniendo en su muro de Facebook y pasa lo que pasa, que te detienen.

Habría que inventar a Willy Toledo si no existiese porque nos rejuvenece un poco su santa intransigencia aunque también nos cabree que defienda sin matiz alguno Cuba, Venezuela y, si te descuidas, Corea del Norte.

Es un buen tipo, dice todo el que le conoce.

Estuvo triste y le cagó la depresión, ha contado él mismo.

Y ahora la policía le arresta en su domicilio como si esto fuera el franquismo, disculpen el tópico pero es que es así.

Ciscarse en Dios no debiera ser motivo de arresto salvo que uno viva en Irán u otra teocracia similar.

El caso es que Willy Toledo representa la conciencia titiritera de esta España nuestra en tiempos difíciles ya que, nos da la impresión, los nuevos titiriteros (Blanca Suárez, Mario Casas, etc) se han hecho votantes de Ciudadanos y aspiran al glamour de Netflix y no a actuar en el Teatro del Barrio.

Y luego hay que mencionar el extraordinario talento interpretativo que posee Willy Toledo. Le recuerdo junto a Alberto San Juan en una memorable representación de El montaplatos de Harold Pinter. De lo mejor que he visto sobre las tablas. Y le tengo en la memoria cinéfila por sus trabajos en Crimen ferpecto o After.

Sale Willy Toledo en la peli y te quedas mirando.

Posee ese carisma único de los intérpretes con personalidad propia.

Y ahora le va a tocar ir a la cárcel o a lo mejor no. 

En fin, hay que solidarizarse con Willy Toledo y exigir que cese este disparate de procesar a la gente por herir sentimientos religiosos aunque yo crea que los sentimientos religiosos, identitarios o de equipo de fútbol no deben insultarse.

Pero eso es una cosa y otra que vuelva la Inquisición.

Y que Willy Toledo conserve su pureza (ideológica) virginal y podamos ser amonestados por él y rememorar cuando hacíamos las revolución sandinista en el Avapiés, tugurio donde bebíamos mojitos a la salud de Rubén Dario.

DANIEL SERRANO

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