Ayuso, Andrea Ropero y la diferencia entre “error” y delito

Ayuso, Andrea Ropero y la diferencia entre “error” y delito

Es noticia cuando habla Isabel Díaz Ayuso y casi siempre logra atizar alguna controversia. E irritar a cualquier progresista. Salvo cuando esta semana replicó con firmeza a Rocío Monasterio que los jóvenes que matan y mueren en las calles de Madrid en peleas de pandillas no son extranjeros sino tan españoles como Santiago Abascal. Eso estuvo bien.

Pero, en general, Ayuso es partidaria de la provocación y de situarse un poco a la extrema derecha o en ángulo populista de la derecha, según se mire, y esta semana ha salido en defensa de la Iglesia frente a quienes quieren que se investigue a esta institución por los abusos a menores en su seno. La periodista Andrea Ropero ha tenido que corregir sus palabras.

Porque una cosa es una cosa y otra es otra.

Lo de los abusos a menores en colegios de curas o monjas no es una cosita menor.

Y es que Isabel Díaz Ayuso no ha tenido problemas en disculpar los innumerables casos de pederastia que se han dado y se siguen dando en el seno de la iglesia, alegando la labor que, según ella, hace en su día a día.

Sí, como suena, la presidenta de la Comunidad de Madrid justifica el abuso a menores de la iglesia, asegurando que “todas las instituciones cometen errores“, y su defensa se basa en que la iglesia deja un patrimonio de caridad, solidaridad, valores y consuelo. Pues no será, precisamente, con los niños que han sufrido esos abusos.

Y sí, esta es la enésima línea roja que cruza Isabel Díaz Ayuso, y una más de las que están por cruzar pero, obviamente, el ruido mediático ha sido atronador y una de las más específicas en su respuestas a la política del Partido Popular ha sido Andrea Ropero.

La periodista e integrante del equipo de El Intermedio ha sido directa, escueta y muy clara en su réplica a Ayuso: “Abusar de menores durante años no es un error. Es un delito“.

Y a pesar de todo, en las réplicas a Andrea Ropero, hay quien aún justifica a Ayuso, tergiversando el mensaje y desviando la atención a otro lado. Un clásico del trilerismo político que no sólo sigue funcionando, sino que apunta a tener su apogeo en los próximos años.

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