El club de la costura o cómo ser lesbiana en el Hollywood dorado

El club de la costura o cómo ser lesbiana en el Hollywood dorado

Si ser varón y homosexual en el Hollywood dorado resultaba un permanente ejercicio de simulación (de Cary Grant a Rock Hudson pasando por Tyrone Power), imagínese cualquiera de qué modo una mujer que se convirtiese en estrella del cine tenía que ocultar al público su lesbianismo.

Pero dentro del armario, allá en Hollywood, hubo vida.

Tanta vida como para generar lo que se llamó el círculo de costura o club de costura.

Así se autodenominaron un grupo de mujeres inteligentes, libres y cultas que en Hollywood de los años 20, 30, 40 y 50 del siglo pasado construyeron un espacio de sexualidad y conocimiento al margen del sistema.

Lo de club de costura contenía una alta dosis de ironía. Una actividad como la costura (en aquellos días asociada a convencionales y conservadoras amas de casa) era la tapadera para romper con la moral imperante.

Pero ¿quiénes pertenecieron a ese selecto círculo o club?

Según investigaciones e, incluso, atrevidas crónicas de la época fueron costureras de honor estrellas de Hollywood como Barbara Stanwyck, Joan Crawford, Claudette Colbert, Greta Garbo y (por supuesto) Marlene Dietrich.

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De hecho, algunas fuentes hablan de Marlene Dietrich como creadora del club de la costura.

Todo habría empezado con reuniones en mansiones y bares de Hollywood en las que Marlene Dietrich reunía a mujeres afines a sus intereses culturales, de género y (claro) sexuales.

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Lo del círculo de costura empezó como una broma pero se convirtió en una suerte de red clandestina para el lesbianismo en Hollywood y el término se usaba con profusión en los estudios.

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Mientras tanto, el gran público creía que sus estrellas eran virtuosamente heterosexuales (como mandaban los cánones y el código Hays) y se les montaban matrimonios y romances como tapaderas de su “desviación”.

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Mercedes de Acosta, militante LGTB y costurera honorífica

Una de las mujeres más interesantes que pasaron por el club de la costura fue Mercedes de Acosta, poetisa, sufragista y militante convencida de la libertad de costumbres.

Fue amante de Greta Garbo y también de otras estrellas como Isadora Duncan y la propia Marlene Dietrich.

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El problema es que Mercedes de Acosta no disimulaba su lesbianismo y ello obligaba a estrellas como Greta Garbo a dar un paso atrás . Greta Garbo jugó a la ambiguedad, igual que lo hizo Marlene Dietrich. Pero sólo eso. Admitir públicamente su homosexualidad les hubiera supuesto perder su condición de estrellas.

Se vestían de hombres en algunas películas, fumaban con pose masculina, flirteaban con mujeres de modo equívoco en alguna escena (cada vez menos según Hollywood fue virando hacia el ultraconservadurismo de la Guerra Fría) pero no podían ir más allá.

Y, sin embargo, en Hollywood todo el mundo sabía de la existencia del club de la costura y, por ejemplo, todo el mundo sabía que Joan Crawford era una bisexual practicante. Tan practicante que su enemiga íntima Bette Davis dijo de ella que se había acostado con todo Hollywood a excepción de la perrita Lassie.

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Muchos han visto en su papel de Johnny Guitar (película que produjo ella misma), una reivindicación de ciertos rasgos de la cultura lésbica de la época. Rodada en 1954 y dirigida por Nicholas Ray, Johnny Guitar muestra a una Joan Crawford vestida con ropas masculinas, poderosa, capaz de blandir un arma y enfrentada a otra mujer de similar potencia.

¿Un icono lésbico?

En un territorio de referencias subterráneas, gran parte de la crítica lo ha visto así.

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De Mae West a Marilyn: también en el club

Fueron muchas las mujeres de Hollywood a las que se atribuyó su pertenencia al club de la costura.

Se dice que Joan Crawford y Marilyn Monroe fueron más que amigas allá por los 50 y que Barbara Stanwyck logró llevarse a la cama a la mismísima Ava Gardner. 

También se ha hablado de un romance entre Mae West y la también actriz Tallulah Bankhed.

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Tampoco sería de extrañar en el caso de Mae West, que fue quien dijo aquello de “las chicas buenas van al cielo; las malas, donde quieran”. Ella era absolutamente libre.

En cuanto a Tallulah Bankhed, actriz hoy bastante olvidada, también llevó una vida extremadamente libre. Lo explicó, en cierta ocasión, así: “Mi padre me advirtió sobre los peligros de los hombres y el alcohol pero no dijo nada de las mujeres y la cocaína”.

Así se las gastaban aquellas mujeres del club de la costura.

Eso sí, siempre desde la clandestinidad.

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Felizmente casadas

La mayor parte de las mujeres que pertenecían al círculo de la costura estaban casadas o fingían romances de cara al público.

Existían lo que se denominaban “matrimonios lilas” en los que tanto él como ella eran homosexuales y existían (de modo más común) estrellas de cine femeninas que optaban por la bisexualidad.

Así lo hizo Barbara Stanwyck, que compaginó sus parejas femeninas esporádicas con un par de matrimonios (el productor Frank Fay y el actor Robert Taylor) y numerosísimas relaciones con otras estrellas de Hollywood como Henry Fonda o un jovencísimo Richard Chamberlain que se rindió a sus pies de mujer fatal.

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También Claudete Colbertt, participante en alguna que otra sesión del club de costura, se casó dos veces con dos honorables miembros de la industria de Hollywood. Y votaba orgullosamente al Partido Republicano, por cierto.

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Todo ocurría dentro del armario.

A veces la prensa sensacionalista disparaba y exhibía fotos equívocas e informaciones sobre la homosexualidad de algunas estrellas.

Pero, en general, la discreción era la norma. Las mujeres del club dejaban a sus maridos en casa y se iban a “coser” a casa de una amiga o a tomar una copa al Big House en Hollywood Boulevar, un establecimiento permisivo y amable con ciertos usos morales heterodoxos.

Aunque, por supuesto, la clandestinidad es (sobre todo) sufrimiento. La imposibilidad de ser completamente tú misma.

Greta Garbo, hablando de modo general sobre su existencia lo resumió así: “Mi vida ha sido una travesía de escondites, puertas traseras y ascensores secretos”.

En esa travesía el club de la costura fue, al menos, un alivio. Un espacio de libertad en un mundo opresivo donde la homosexualidad tenía obligatoriamente que camuflarse.

DANIEL SERRANO

Fotos: Cordon Press