En busca del fin del mundo: destinos lejanos

En busca del fin del mundo: destinos lejanos

Vivimos tiempos no ya de nubosidad variable sino de tormenta pluscuamperfecta (virus, guerra, crisis social y política, Pablo Motos) así que dan ganas de marcharse lo más lejos posible en busca de cierta dosis de paz.

¿Es posible en el mundo de hoy hallar un destino sin ruido?

Quizá aventurándose hasta lugares recónditos. He aquí un mapa aproximado de destinos que están casi en el fin del mundo. ¿Y no encontraremos turistas allí? Pide usted un imposible, caballero, señora o camarada. En la era de las multitudes lo más que podemos asegurar es que, quizás, no haya aglomeraciones como sucede para subir al Himalaya.

En fin, sea como sea, primero desvelemos el destino que encierra la imagen de arriba, Skellig Michael, islote en la costa irlandesa para excursionar y, si hay suerte, deambular por sus senderos sin que nos moleste demasiada gente. Fue refugio de eremitas, únicos habitantes de este pedazo de roca. Tuvieron que irse porque los vikingos, cada dos por tres, les atacaban. Se recomienda ir un ventoso día de lluvia fuerte, con el mar encrespado, para que la experiencia sea inmersiva de verdad.

Y vamos con más lugares para huir.

Ittoqqortoormiit, Groenlandia

El último pueblo habitado antes de adentrarse en territorio verdaderamente hostil. Accesible solamente en helicóptero o barco y apenas durante unos meses. Luego llegan días de aislamiento. Hay, no obstante, wifi para seguir viendo Netflix como si no hubiera mañana. Pero eso demostraría un escaso anhelo de alejamiento. Para robinsones y robinsonas que no teman al frío.

Imagen: Annie Spratt / Unsplash

Atacama, Chile

El desierto de Atacama es “lugar no polar más árido de la tierra”, al sur de América, en ese territorio de horizontes abiertos que es el Chile menos habitado. Paisajes absolutamente hipnóticos.

Imagen: Vinícius Henrique Photography / Unsplash

Moorea, Tahití

“También pudiera ser / que huyéramos hacia el azul / con rumbo a un atolón / perdido en los mares del sur” cantaba Aute en Vailima. Pues eso. El sueño de vivir, aunque sea por un instante, sólo pendiente de la brisa que mueve las palmeras, contemplando el océano sin fin. Si usted es millennial o Z y no sabe quién es Aute, acuda a Spotify de inmediato.

Imagen: Reiseuhu / Unsplash

Goa, India

Aquí iban los hippies en los 60 y acababan como los personajes de Robert Louis Stevenson en su relato Bajamar, varados en alguna playa, soñando con un imposible regreso a ninguna parte. Vale que es un destino ya turistificado pero, caramba, algún rincón ha de conservar para soñar una huida infinita.

Imagen: Ishvani Hans / Unsplash

Alaska, Estados Unidos

Depende de la época en que se viaje y eligiendo bien el lugar quizá podamos aproximarnos a ese extrañamiento que sintió el neoyorquino Joe Fleischer cuando llegó allí a ejercer de doctor.

Imagen: Joris Beugels / Unsplash

Patmos, Grecia

Y ¿por qué no una isla griega? Se recomienda ir fuera de temporada. A pasar el invierno. O el meses primaverales o al principio del verano (muy al principio). Cuenta la leyenda que en una cueva de Patmos escribió San Juan el Apocalipsis y el agujero en la roca donde tuvo su hogar dicho profeta o poeta puede visitarse. Patmos conserva el sabor de la Grecia milenaria con sus casitas blancas, sus barbudos monjes ortodoxos y sus islotes (como el de la imagen) clavados en medio del mar azul turquesa.

Imagen: Anastasia Dimitriadi / Unsplash

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