‘Los blancos no la saben meter’: ¿se puede reivindicar un título así?

‘Los blancos no la saben meter’: ¿se puede reivindicar un título así?

Echemos la vista atrás, pero no hace falta irse a 1992, año en que se estrenó Los Blancos no la Saben Meter (White Men Can’t Jump)Tan sólo hace falta irse a la gala de los Oscar 2022.

Por desgracia, la guasca de Will Smith a Chris Rock se llevó todo el protagonismo de una velada en la que hubo homenajes a películas como El Padrino o Pulp Fiction, que cumplían 50 y 30 años respectivamente. Pero además de estas dos joyas, Los Blancos no la Saben Meter también tuvo su espacio homenaje en la gala, en su 30º aniversario.

De hecho, Wesley Snipes, Woody Harrelson y Rosie Pérez subieron al escenario para entregar uno de los premios. ¿Cómo puede ser? Pues porque la Academia de Cine de Hollywood considera que Los Blancos no la Saben Meter es una película tremenda. Y nosotros coincidimos.

Para empezar, es una cinta que puedes ver 30 años después de su estreno y sigue teniendo vigencia, salvo que se hace raro ver a Woody Harrelson con pelo.

Y para continuar, porque White Men Can’t Jump tiene la que es, posiblemente, mejor traducción al mercado español de la historia: Los Blancos no la Saben Meter. Por si alguien no controla de inglés, le ayudamos. White Men es Los Blancos, Can’t es Saben y Jump es Meter. Es bromi. La traducción literal sería Los Blancos no Pueden Saltar pero no habría molado tanto.

Pero ¿qué tiene esta película para ser considerada una obra maestra? Lo tiene todo. Deporte, competición, egos desmedidos y una historia en la que mucha gente se puede ver reflejada. Billy y Sidney son dos jugadores de baloncesto callejero que se creen los mejores en lo suyo. Todo el mundo conoce a alguien que juega en la Liga Municipal y que no fichó por el Real Madrid porque se fastidió la rodilla, pero ahora se flipa contra gente que le duplica la edad.

Lenguaje callejero y soez, muchos tacos, apuestas y una química demencial entre Woody Harrelson y Wesley Snipes, potenciada por una Rosie Pérez que brilla y hace brillar a sus compañeros, hacen que el espectador entre de lleno en la historia. Quien ve Los Blancos no la Saben Meter, quiere ser amigo de los protagonistas. Quiere jugar con ellos y quiere discutir con ellos porque los tiene por semejantes. Gente accesible, de la calle y con problemas. Esa es la realidad del espectador medio.

De hecho, ahora que ya ha llegado el calor asfixiante, no es mala idea hacer una doble sesión de basket. Primero, Los Blancos no la Saben Meter, que está en Disney Plus. Luego Garra (Hustle), la nueva película de Adam Sandler en Netflix. Y no es por comparar, sino para disfrutar y comprobar cómo ha cambiado el cine deportivo desde los 90 hasta ahora.

JESÚS REDONDO

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