'Alba' o el miedo a volver a casa sola

El domingo 28 de marzo, ATRESPlayer PREMIUM estrenaba 'Alba' una serie que, esperemos, genere un debate provechoso para nuestra sociedad.Trata la historia de Alba (Elena Rivera), pero podría tratar la de cualquier otra chica joven que sale a divertirse, beber, bailar con sus amigas, y un grupo de hombres decide que su cuerpo les pertenece. Que su voluntad no vale. Que sus apetencias valen más que la libertad de ella.

A estas alturas, todos sabemos que recrea la historia de una joven que, durante una noche de fiesta, es drogada y violada por un grupo de chicos. En este tipo de ficciones se puede pecar de morbo, de incidir demasiado en las escenas más violentas para cargar de peso a la historia. Pero es que la historia tiene peso por sí misma y, al menos en este primer capítulo, Atresmedia TV y Boomerang TV consiguen darle la importancia que merece y ahondar en los sentimientos de Alba, sin necesidad de mostrar más que vagas imágenes de la violación en torno a la cual gira la trama.

Alba andando desorientada por las calles desiertas de un pueblo, es cualquiera de nosotras volviendo a casa. El miedo cuando te cruzas con un grupo de chicos, las llaves apretadas en la mano, como si de un puño americano se tratase, la mandíbula tensa, los pies siempre a punto de echar a correr. La mayoría de nosotras respiramos tranquilas si pasamos de largo a ese grupo de chicos con sólo unos cuantos gritos que pretenden ser halagadores pero que lo que provocan es pánico. Soltamos el aire de nuestros pulmones, si sus vagas amenazas no son más que desvaríos de borracho. Pero Alba no tuvo tanta suerte.

Vemos a una chica que se despierta sola en medio de la playa sin ropa interior, con la ropa destrozada y llena de moratones. La vemos sola en una sala médica, mientras un hombre con una cámara fotográfica le pide que desnude partes de su cuerpo profanado para hacerle fotografías. Seguimos viéndola sola mientras le hacen una exploración vaginal y toman también muestras anales para atestiguar la violación. Y sola sigue mientras le preguntan si había salido de casa sin ropa interior y si había bebido mucho.

Y la culpa. Esa compañera de viaje que tantas mujeres tenemos grabada a fuego en nuestras psiques. Esa molesta vocecilla que te obliga a revivir una y otra vez lo vivido para encontrar el momento en el quizá hiciste algo que los alentó, que les confundió. "¿Tengo yo la culpa?", le pregunta Alba a su novio Bruno. Por las preguntas de la pareja de la Guardia Civil que la interrogan, bien podría ser así.

Otra culpa. La de la amiga de Alba, Bego. Se culpabiliza por no haber estado allí, por no haber podido ayudarla. No se atreve a hablar con ella por miedo. Culpa, culpa, culpa.

Quienes no parecen sentir culpa son los tres violadores, encabezados por Álvaro Rico, en el papel de Jacobo. Rico, que parece que se le dan bien los papeles de indeseable (¿Cómo olvidarnos de su Polo en 'Élite') no sólo no se arrepiente de lo que hicieron la noche anterior, sino que lo llevaba planeado al haberle encargado con anterioridad la droga a Tirso, el camello del pueblo (y exnovio de Alba, por cierto).

No hay culpa cuando, después de enterarse que la víctima de sus actos era la novia de su amigo, dice: "Lo que vamos a hacer es irnos a casa y recordar que a pesar de todo ha sido una pasada. Una puta pasada, joder".

"Que nos hubiera dicho que era su novia y nos follábamos a otra", decía otro de los violadores. Como si de una mujer, lo único que importase fuera su 'pertenencia' a un hombre. Como si sólo se las puede respetar cuando está marcada, cuando es de alguien.

Estos tres seres se sienten inviolables (valga la ironía) no sólo por su género, sino también por su condición socioeconómica. Tres niños ricos que saben que, si la cagan, siempre habrá alguien limpiando los rastros de sangre que dejen a su paso.

Quizá en este punto, la serie corra el peligro de perder el foco en lo importante para centrarse en los tejemanejes de políticos corruptos y empresarios adinerados que les chantajean para conseguir sus intereses. Eso lo veremos en los 12 capítulos restantes.

Otro papel reseñable es el del novio, Bruno, interpretado por Enric Masip. A pesar de ser amigo de los tres villanos, se desmarca de ellos en cuanto a su moralidad. Porque parece tenerla, más que nada. Aún así, cuando le dicen que él también participó en la violación, duda. No sabemos si por nobleza o por miedo a haber sucumbido a unos instintos latentes que ni él mismo sabía que existían. El caso es, que cuando le ponen en el brete, reacciona callándose, poniéndose por delante de la mujer a la que dice querer "como nunca pensé que pudiera querer a nadie".

El capítulo deja otros cabos sueltos como el infarto del hermano de la protagonista cuando ve pintadas en la puerta de su bar con la palabra 'Puta' refiriéndose a su hermana o la aparente muerte de Tito Valverde (el empresario rico y corrupto) a manos de Adriana Ozores (su nuera, mujer de su hijo, quien la ningunea y la trata como alguien inferior).

Hasta el momento, parece que esta serie muestra, por fin, la situación de indefensión de una mujer que ha sufrido una violación poniendo el foco en ellos. Habla de la soledad de la víctima ante un proceso en el que muchas veces, es ella la juzgada. Veremos si el resto de la serie continúa por la misma senda. Veremos si este tipo de series contribuyen a terminar con el miedo a ir sola por la calle de noche.

Sara Flamenco

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