La barricada como televisivo objeto de deseo

Que París ardiera fue aliciente (y no menor) a la hora de constituir Mayo del 68 como mitología en la que el fervor revolucionario podía combinarse con unas gotas de Chanel nº5. Las imágenes de aquellos días hicieron unas fotografías extraordinarias gracias a las barricadas que se ubicaron en los bulevares parisinos. Y así hasta hoy. Es decir, que una barricada ardiendo resulta un icono con fortísima potencia y pone a Ferreras o Vicente Vallés (incluso a Pablo Motos) en posición de firmes, con la bayoneta calada. Lógicamente.

Las televisiones, los informativos de la tele, acuden al fulgor de la barricada ardiendo como mariposas nocturnas al hirviente reclamo de una bombilla.

Sirven como objeto de deseo y adorno que da lumbre a los fumadores de la reacción y un poco de miedo a los votantes socialdemócratas que sólo quieren que el PSOE gobierne siempre, como cuando Felipe.

Luego está la exageración de estos días.

Cabe recordar que manifestaciones con bronca y cargas policiales lleva habiendo desde tiempos inmemoriales y, por ello, sorprende ver cómo las televisiones han elevado a categoría de suceso extraordinario y apocalíptico el que en torno a la Puerta del Sol se rompieran algunos escaparates. No se trata de quitarle importancia. Y si hay que condenar, se condena la violencia, la masturbación y la tortilla sin cebolla. A mandar.

Al día siguiente de la algarada proHasél en la Puerta del Sol iba yo por la calle Mayor y vi a una reportera (de cuyo medio no quiero acordarme) que preguntaba, adoquín en mano, con ese tipo de interrogantes que más bien son afirmaciones:

- ¿Verdad que usted no había visto tal grado de violencia en otras manifestaciones?

La señora interpelada contestó que sí pero, claro, a ver quién le lleva la contraria a una reportera que va adoquín en ristre por las aceras de la Villa y Corte, buscando la verdad.

La barricada hipnotiza a la prensa televisiva y, de paso, sirve para disparar a Pablo Iglesias y a Podemos, que es el pim pam pum favorito de casi todas las cadenas, webs, periódicos y hojas parroquiales. De Podemos sólo se habla bien en La Última Hora. 

Hay que explicar que los disturbios por la libertad de Pablo Hasél (a quien, por otra parte, deseamos la excarcelación pero no necesariamente su vuelta a los escenarios) fueron bastante menos graves que otros habidos y que conllevaron más sangre y cristales rotos. Había que contar lo sucedido, claro, que para eso está el periodismo. Pero de ahí a montar un circo y señalar a Pablo Echenique como instigador de TODO media un abismo.

- Hey, compas, Pablo Echenique dice que nos apoya.

- Es la señal: VAMOS A REVENTAR MADRIZ.

La vida televisiva es mucho más amena con barricadas sobre las que apoyarse para hacer un discurso de orden como Dios manda. No sé si ocurre en otros países europeos el que la extrema derecha haya impuesto su agenda en los programas de actualidad televisivos, tal y como ocurre en España. Menas, okupas, la amenaza del feminismo radical, etc. Y las barricadas.

Cantaba Franco Battiato: "Las barricadas se alzan / por parte siempre de la burguesía / que crea falsos mitos de progreso". Pero eso era antes. Ahora vaya usted a saber y, además, que según los periodistas de sucesos, los instigadores de estas algaradas (aunque luzcan hoces y martillos y se llamen antifascistas) son gente sin ideología ni nada y viene (lleva viniendo desde 1988) un autobús de anarquistas italianos para liarla y apoyar a los vándalos de aquí.

Seguiremos informando.

DANIEL SERRANO

 

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Nunca llueve a gusto de todos y cuando Ayuso habla, por mucho que arrase electoralmente, mucho menos. Y la entrevista que hizo Gonzo a Ayuso en laSexta no ha caído bien ni a una facción de la audiencia partidaria ni a la mayor parte de la audiencia detractora que posee la presidenta madrileña. Salvados es ahora otra cosa y los tiempos han cambiado. O por lo que sea.

La derecha fervorosamente proayusista ha criticado a Gonzo con la sal gruesa de quienes siguen pensando que laSexta es un nido de rojos.

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Madrid es libre. 

Por fin. 

Cualquiera diría que el PP no lleva gobernando 26 años en la Comunidad de Madrid, viendo la campaña que han hecho. 

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Lo saben bien quienes acuden al plató de Sálvame con asiduidad: la televisión es una trituradora de carne en la cual eres un personaje querido durante una o dos temporadas pero después, para amenizar la sobremesa, se te convierte en villano y te insultan por la calle. En el caso de Pablo Iglesias este mecanismo televisivo se llevó al extremo y el chaval con coleta tan simpático a cuyo domicilio vallecano acudió Ana Rosa Quintana se transformó últimamente en un ser demoniaco al cual Vicente Vallés exorcizaba casi todos los días.

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