La principal razón para ver 'Nueva York contra la mafia' en Netflix

A ver. El documental está bien. Convencional pero realizado con la excelente factura que Netflix suele garantizar. Pero lo mejor de La ciudad del miedo: Nueva York contra la mafia (documental sobre el auge y caída de la mafia en los 70 y 80, con una ciudad devastada por la inseguridad y la crisis), lo verdaderamente mejor, son las estampas de la época que nos muestra la tipología de los mafiosos, exactamente igual a la que hemos visto en películas como Uno de los nuestros o series como Los Soprano.

O sea que sí, que los mafiosos de verdad eran como los de las películas, como los que retrata Scorsese. De hecho, hay un ex mafioso que habla en el documental que tiene, incluso, el timbre de voz de Joe Pesci. Y te imaginas el miedo que provocaría cuando estaba en activo.

Resultan fascinantes los looks horteras, detenidos en los 70 aunque ya estemos en plenos 80, de esa mafia que dominaba Nueva York, una ciudad en crisis, con edificios en llamas y delincuencia desbocada.

El modo de gesticular, de reminiscencias italianas (por supuesto), los restaurantes, esos escenarios neoyorquinos con humo saliendo de las alcantarillas. Puro cine, pura realidad.

Así que toca ver La ciudad del miedo: Nueva York contra la mafia porque estimula las ganas de revisar títulos como, por ejemplo, Donnie Brasco, con Al Pacino y Johnny Depp, peliculón que pasó un tanto inadvertido y reivindicamos desde aquí.

Dicen que cuando se estrenó El padrino la gente de la mafia imitaba el elegante estilo de Vito Corleone (igual que en Wall Street todo el mundo quería ser, en los 80, como Gordon Gekko: "¡La codicia es buena!") y eso quiere decir que la vida imita al cine pero también a la inversa. El cine, a veces, refleja con bastante exactitud ecosistemas como el de la mafia. Sobre todo si dirige Scorsese. Incluso en El irlandés, película en la que no pasa nada pero te quedas mirando y pasan las horas.

Estamos pasándolo bien con La ciudad del miedo: Nueva York contra la mafia. Lo confesamos.

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