Los huevos vaginales de Gwyneth Paltrow tenían truco

Gwyneth Paltrow, como actriz, ya generó polémica. Sobre todo el año que se llevó el Oscar a Mejor Actriz por 'Shakespeare in Love'. Lo que nadie esperaba era que como empresaria, sus decisiones fueran aún más polémicas. 

La penúltima tormenta en torno a Goop, la empresa de lifestyle y la vida saludable de la actriz, ha venido de la mano de sus huevos vaginales

Se trata de un producto de jade y cuarzo rosa que Gwyneth Paltrow vende a 55 y 66 dólares. Según reza la propia web, estos huevos vaginales equilibran las hormonas, aumentan el control de la vejiga, regulan los ciclos menstruales y aumentan la energía y el placer sexual. Por ese precio, parecen muchas ventajas. 

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Pues bien, es todo mentira. Varios expertos en salud han demostrado que las ventajas de estos huevos vaginales no abarcan tantos beneficios. Ha sido la plataforma California Food, Drug and Medical Task Force la que ha denunciado a la actriz por publicidad engañosa. 

Por ello, Gwyneth Paltrow deberá pagar una multa de 125.000 dólares y, obviamente, cambiar la publicidad de sus huevos vaginales. Ahora, en la web, se puede leer que este producto activa el corazón y potencia la energía positiva y el amor. Vamos, casi lo mismo que antes. 

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Otra consecuencia para Goop ha sido que no podrán publicitar productos para la salud, sin una demostración científica de sus propiedades. De hecho, el acuerdo que ha alcanzado Gwyneth Paltrow con la Fiscalía incluye también aplicar estas medidas a una esencia floral que cura la depresión. Curaba. 

Para quien no recuerde, la actriz ya había tenido otras sonadas polémicas con sus consejos saludables. Quién no recuerda esos vapores vaginales para limpiar el útero o las sangrías con sanguijuelas para purificar el organismo. Y no hablemos de los enemas de café para eliminar toxinas del colon. Esto es Hollywood, amigos. 

Fotos: Instagram y Goop

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Ha sido una edición rara la de los Oscar 2021 y la retransmisión de la gala se saldó con un rotundo fracaso de audiencia. La gran industria quedó en hibernación (salvo excepciones) y la temporada cinematográfica ha sido una oportunidad para el streaming, el cine independiente y las apuestas arriesgadas. No ha habido una mala cosecha (para la que está cayendo). La crepuscular Nomadland, la empoderada Una joven prometedora, el hedonismo salvaje de Otra ronda, la militancia inteligente de Judas y el Mesias Negro.

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Ha sido una gala lentísima, con discursos eternos y un ritmo cansino como hacía tiempo no se daba. Lo de hacer una gala que pareciera una película, se ha conseguido, si la película era Roma, de Alfonso Cuarón. 

A pesar de todo, la 93ª gala de los Oscar ha dejado varios momentazos, una alfombra roja reducida pero tremenda y, sobre todo, un protagonista inesperado con una historia igual de inesperada y dura: la dedicatoria del Oscar de Thomas Vinterberg a su hija fallecida. 

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Y cuando todo apuntaba a que el Oscar póstumo a Chadwick Boseman cerraría la gala más aburrida de los últimos años, saltó la sorpresa. Anthony Hopkins, cuya actuación en El Padre es la mejor del año, se lleva de forma justa su segundo Oscar (tras el que se llevó por Hannibal Lecter en El Silencio de los Corderos en 1991). 

Así, el actor británico se convierte en el más veterano en ganar un Oscar, con 83 años. La faena es que ha sido de los pocos que no ha acudido a la gala para recogerlo. 

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