Monjas y polémica en la última película de Paul Verhoeven

Al director de cine Paul Verhoeven le gusta más una polémica que a un niño un caramelo. Cómo sino iba a haber dirigido obras como Instinto Básico, Showgirls o Elle... Pero parece que al holandés le supo a poco y su última obra versa sobre una monja... lesbiana. Y claro, ha herido alguna que otra susceptibilidad.

En el estreno de Bendetta (que así se llama la película) en el Festival de Nueva York, un grupo de unas 30 personas clamaban por una película que consideran ofensiva a sus creencias porque «insulta la santidad de las monjas». Todo ello amenizado con gaitas y tambores.

A mi me recuerdan un poco a los que cantaban por las calles de Madrid eso de Benedicto Equis, Uve, Palito.

Pero no es la primera polémica para esta película y eso que aún no se ha estrenado al gran público. En España la plataforma CitizenGo, que engloba también a la polémica y ultraconservadora Hazte Oír, ha iniciado una recogida de firmas para que la película se retire de los cines. Bajo el lema «blasfemar no es “libertad creativa” sino mediocridad», la petición asegura que «nunca se habrían atrevido a realizar semejante barbaridad si se tratara del Islam o de Mahoma» y que, en este caso concreto, «ha ofendido a la comunidad de 2000 millones de cristianos del mundo». Aunque parece que la distribuidora de Benedetta en nuestro país se lo está tomando a broma:

¿Qué es lo que tiene esta película que levanta tantas ampollas? La cinta, que se basa en una novela de Judith C. Brown llamada Actos Impúdicos, contiene varias escenas bastante subidas de tono. Entre esas secuencias se encuentra una escena lésbica entre una monja y una de sus compañeras, donde utilizan una estatua de la Virgen María para cometer «actos obscenos y explícitos». Imaginamos que Verhoeven se imaginaba que no iba a pasar desapercibido.

El libro de Brown estudia el caso real de Benedetta Carlini, una monja italiana del siglo XVII que entró en el convento de la Madre de Dios, en Pescia al experimentar una serie de visiones y apariciones. Llegó a ser nombrada abadesa del convento pero, en una de las visitas del nuncio de la zona, una de las religiosas confesó que mantenía una relación lésbica con Benedetta, por lo que fue condenada, despojada de su rango de abadesa y obligada a comer en el refrectorio con el resto de sus compañeras sentada en el suelo y en silencio. Y así lo hizo hasta el día de su muerte, con 70 años.

Esto es lo que se supone que es la realidad, lo que ha inspirado a Verhoeven para imaginar lo que hubiera sido la relación entre estas dos monjas que llegan a tallar una figurita de madera de la Virgen con la forma de un falo, para usarlo como consolador en sus juegos sexuales.

No sé vosotros, pero yo ya tengo ganas de verla, aunque sólo sea por morbo. Si las protestas no prosperan, su estreno será el 1 de octubre. Vayan reservando su entrada.

SARA FLAMENCO

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