Así era la Letizia que yo conocí

Así era la Letizia que yo conocí

Hace algunas glaciaciones yo conocí a la reina Letizia antes de que fuera siquiera princesa. Trabajé con ella. Corría el año 1999 cuando CNN + se ponía en marcha y en unos sotanos de la Torre Picasso trasteábamos, felicísimos de habernos hallado, un pelotón de jóvenes periodistas que prometiamos mucho y luego seguramente hemos incumplido dichas promesas (pero tampoco pasa nada).

El caso es que ahí coincidí yo con Letizia Ortiz Rocasolano cuando ella era presentadora de los informativos de primera hora y ello le obligaba a unos madrugones criminales.

Yo era reportero y madrugaba también aunque bastante menos.

No se trata de que ambos nos hiciéramos amigos de alma sino que, simplemente, tuvimos trato de camaradas de redacción. 

Por aquel subsuelo de información continua que era CNN + , además de Letizia,  pasaron Marta Fernández, Rafa de Miguel, Imma Aguilar, Roger Persiva, Sonsoles Ónega, Marta Reyero, Sandra Golpe, Carlos de Vega y otras muchas estrellas del rock&roll que luego darían grandes tardes de gloria al periodismo televisivo. O mañanas. Incluso madrugadas (etílicas si cabe). 

Qué tiempos.

A lo que vamos. Ahora que todo el mundo arremete (sin piedad) contra Letizia, ¿qué recuerdo yo de ella? ¿Cómo era la Letizia que conocí?

Pues, sinceramente, (si hago memoria) la recuerdo simpática, locuaz en extremo, con un punto exagerado a la hora de abordar todo asunto y, sí, bueno, puede que ambiciosa pero sin que ello se tradujese en un pisotón al prójimo con sus tacones de aguja.

Una periodista en el inicio de su carrera a la que conocí todavía casada con el novelista y profesor Alonso Guerrero, viviendo en Rivas Vaciamadrid (creo recordar) y luego divorciada y después, ale hop, convertida en princesa.

Últimas horas con Letizia

La última vez que la vi, pocas semanas antes de que se hiciese público su noviazgo con Felipe de Borbón, fue tomando una copa en la sala El Sol de Madrid. Aconteció una de esas noches que hacen extraños compañeros y extrañas compañeras de francachela y acabamos pisando la moqueta sucia del mítico semisótano de la calle Jardines un curioso grupo formado por un amiguete mío periodista, otra periodista amiga de Letizia, un director de cine con barba y pelo largo y un actor. También había una celebrity ahora casi retirada de la celebridad. 

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Le pregunté a Letizia por su estado sentimental y me dijo que salía con un diplomático al que denominó Juanito o algo así y se rió mucho.

Semanas después oí en la radio que iba a casarse con el mismísimo Príncipe de Asturias.

¿Era republicana?

Ni sí ni no. Pero es que yo nunca he conocido, fuera del ABC, a ningún periodista auténticamente monárquico. Me refiero a que no se me ocurrió preguntar jamás a Letizia si prefería la república pero supuse que compartía el republicanismo difuso de toda persona humana en este país antes del 155, que ha nutrido las filas monárquicas de numerosos ciudadanos temerosos de que los catalanes se vayan.

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En cuanto a quién es ahora Letizia, poco puedo afirmar categóricamente. Por lo que me cuentan, cuando se reencuentra con camaradas de los viejos tiempos, sigue siendo locuaz en extremo, un punto exagerada y bastante parecida a aquella joven que madrugaba en CNN +.

Y ahora está en el ojo del huracán.

¿Soñó alguna vez con ser reina? Lo dudo. Soñaba con presentar el Telediario y lo consiguió (aunque fuera junto a Urdaci). Lo que ha venido después ha sido un inesperado giro del destino que ya dura muchos (¿demasiados?) años. La vida es eso que pasa mientras haces planes y sales a la calle, una madrugada cualquiera, después de haber bebido (quizá demasiado) en la sala El Sol. Atrás, en el ropero, has dejado recogiendo su abrigo a una compañera de trabajo que va a convertirse en reina de España. Vuelves a casa y mañana será otro día.

DANIEL SERRANO